Los logros de mierda.

Hoy es viernes, y a mí me da igual que sea viernes. Porque este día de la semana ha dejado de tener un sentido especial. Yo mañana no “tengo vacaciones”, ni de Agosto, ni de Sábado. Pero sé que mucha gente sí. Así que, con el estilo pre-festivo que tiñe los viernes diré:

Brindemos hoy por todos esos logros de mierda, que ni son grandes ni meritorios. Siguen siendo pequeñas victorias, y a falta de triunfos mejores, éstos celebramos.

Yo, hoy, celebraré discretamente.

Bienvenidas las alegrías que te pillan por sorpresa. De hecho, son mis preferidas.

Tú Leia, ¡Pero yo quiero ser Han Solo! O una crítica “gonzo” de Mad Max

Tengo un recuerdo de mí misma, blandiendo un látigo imaginario mientras pasaba delante de la tienda de chinos que había yendo a casa de mis abuelos. Era un sábado por la tarde. Y yo acababa de ver Indiana Jones. No sé qué edad tendría.

También me recuerdo correteando por mi casa al grito de “Yo soy Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”. Las espadas me gustaban bastante, y en la inconsciencia de mi corta edad, me encantó “El Zorro” de Antonio Banderas.

¿Y Star Wars? No me hagáis hablar, que no acabo. No sólo eran espadas, eran ¡láser!

Volviendo.

Mi recuerdo más intenso es de Indiana Jones. Probablemente, mi héroe favorito. Junto con James Bond. Era una cría fácilmente impresionable. Me gustaban mucho.

Ya, es que son muy guapos.

Ohm. Será eso.

Ah, pues ya está, acabo ya aquí y no le doy más vueltas. Me gustan los héroes de acción porque son muy guapos, y como soy una chica me siento fatal e irresistiblemente atraída por ellos. Con una atracción de índole sexual. Obvio.

Espera, espera, no es eso. No.

No. Yo no quería morrearme (ese era el sumum de la expresión física amorosa) con el señor Harrison Ford disfrazado con un sombrero, o de Capitán de nave con un peluche gigante como amigo.

Yo quería ser Indiana Jones. Yo quería ser Han Solo. Yo quería ser Aragorn. (Ehhhmmm… allí ya estabas crecidita, ¿eh, maja? ¡Calla, coño!)

Pero no podía porque era una chica. Entonces tenía que ser la chica de la peli.

Bueno vale, pues bien. Veamos. Leia no está mal, pero no me acababa. Arwen me gustaba porque era enigmática, aunque un poco parada para mi gusto. Y no llevaba espada, ni arco, ni nada. A ver…

¿Puedo al menos llevar un arma? No. ¡Uy! ¿Y cómo me defiendo? Tú no te defiendes, tienen que salvarte, tonta. Ahhhmm.

Qué aburrimiento. ¡Qué aburrimiento!

Pues no quiero. Eres un chicote. Eres una marimacho. Eso es que no eres una chica.

No. No soy un chicote.

Ejemplo de ello es el auge de todas las protagonistas femeninas de las recientes películas de acción: Sinsajo, Trix, Agente Carter, Viuda Negra.

La industria del entretenimiento se ha dado cuenta de que hay muchas mujeres como yo, que no quieren ser princesas. Ni siquiera Khaleesis.

Se cuidan solas, no necesitan nadie que las salve, y son femeninas. Sí.

Recuerdo entonces, esa entrevista de Angelina Jolie, en la que le preguntaron si era verdad que le habían ofrecido ser chica Bond y lo había rechazado. “¿Qué dijiste?” añaden, sabedores de la respuesta, y entusiasmados con ella: “Que yo quería ser Bond” Responde ella. Risas, y sonrisas. ¡Qué provocativa! ¡Qué irreverente! ¡Qué agitador!

Fuck it.

Ningún personaje de los antes mencionados es “un Bond”. Sí, son mujeres duras, fuertes y valientes. También sensibles, también preocupadas, también muy femeninas.

¿Y por qué no puedes ser una tipa dura? Porque… ¿entonces no eres femenina y dejas de ser mujer?

Los héroes de acción masculinos tampoco son hombres de verdad. Una cosa es ser un tipo duro, y otra ser Terminador. Son hipérboles, esperpentos. Son exageraciones, deformaciones de carácter que tratan de marcar una personalidad que no es real.

Entonces, ¿por qué no atribuir esos mismos rasgos a una mujer? ¿No es realista?

Aaahhm. Fuck it, again.

Por eso quería hablar de Mad Max hoy. Quería hablar de Furiosa, Imperator Furiosa, concretamente. Sé que llego un poco tarde para una crítica de la película, no importa.

Soy como Gandalf.

MM-Main-Poster

Ah, hay spoilers.

Furiosa no lleva tacones, no lleva el pelo largo, no lleva pintalabios. Pese a ello, para describirla, lo primero que te viene a la cabeza es “Mujer”, así, con mayúsculas.

Charlize Teron encarna un héroe prototípico: arriesgándolo todo decide salvar a los débiles que no pueden defenderse, buscando un ideal, sin rendirse en ningún momento.

Conduce un camión enorme, como un Transporter cualquiera. Lleva un brazo robótico, muy Luke, probablemente perdido en una batalla, eso seguro. Su debilidad es su espíritu de protección: como en una película de rehenes. Vale, vale, lo que quieras, pero no les hagas daño.

Sufre una gran decepción al no encontrar el Paraíso Verde, ¿se rinde? No, un gran líder no muestra debilidad. A lo William Wallace, lo manifiesta una única vez con un grito que resuena toda la película y sabe a Libertad.

Incluso está al borde de la muerte, pero ni Ella puede alcanzarla. Con ayuda, por supuesto, porque los héroes juegan en equipo, ¿no?

Y al final, se queda.

Max Rockatansky se va, atormentado por sus demonios, no puede quedarse. Los demonios de Furiosa son suyos, porque como gran heroína de acción de corte clásico, si tiene sentimientos, no interfieren en el deber. Y su deber es cuidar de su gente, y de su ciudad. No es Gotham, pero hay mucho raro también.

Así que muchas gracias, George Miller, porque por una vez salí del cine queriendo ser Imperator Furiosa.

El resto no lo comento, porque habrá muchísima más y mejor crítica al respecto. Aunque añado, yyaacaboloprometo, que con las cuatro pinceladas al respecto de la personalidad de los personajes, consigue crear perfiles complejos; y eso es muy difícil. Max mola mucho, las persecuciones también, y joder con el pavo de la guitarra.

Sí, creo que el resumen sería: ¿¡Pero cómo mola tanto!?

Dicen

“¿Que el dinero no da la felicidad? Da para comprar una moto acuática. ¿Has visto a alguien triste en una?”

No, he visto motos acuáticas anticuadas, oxidadas, abandonadas en el puerto. Vivir en la costa, quizás.

O quizás, el dinero no puede comprar las fuerzas para salir de la cama.

¿Por qué el Doctor no puede ser una mujer?

Hoy no quería subir entrada. Quería dejaros descansar de mí, no ser pesada.

El doctor (mejor médico, para no crear confusión) me recomendó, para la úlcera, que no leyera ningún comentario que empezara por “Yo no soy algo-ista, pero…”

Todas mis alarmas me dicen “cállate, cállate, que la vas a liar” y me instan a tener la boquita cerrada.

Lo cual me lleva a pensar que todo el punk y el rock nacional, escuchado en mi adolescencia, ha dejado un sedimento en mí. Nunca hago caso. O eso, o masoquismo puro y duro, vetetúasaber.

Así que subo entrada, leo los comentarios, me sube la bilirrubina y no me callo, pase lo que pase.

Porque, ¿sabes qué? Soy mujer, pero mi opinión vale tanto como la tuya. Y puedes descalificarme por eso, y llamarme feminista loca, comeplacentas de bebés o sacrificadora de gatitos a Satán. Me da igual.

Porque, ¿sabes qué? Veo que tenéis mucha fe en la magia de las palabras: creéis que decir “no soy machista” equivale a no serlo. Y decir “feminazi” o “hembrista”, conlleva necesariamente que una persona lo sea; que tiene el mismo efecto que el grito de “yo te nombro, Carrionite”, lleva a la inconsciencia, en este caso de lo que se pueda decir.

Bien, pues yo también creo en la fuerza de las palabras. Pero no así.

¿Por qué el Doctor no puede ser mujer? Trae, que yo te o explico:

El Doctor no puede ser mujer, en primer lugar, porque nadie la tomaría en serio. Al principio desde luego que no. Luego quizás, tras tres o cuatro reencarnaciones, y salvadas Tierra y Universo el triple de veces; pues puede. Eso sí, al primer error, el descrédito se apoderaría de ella. Para ser una chica no lo hace mal. Para ser una chica parece que tiene capacidad de mando.

No puede ser una mujer, porque cada duda; en vez de como un reflejo de humanidad; sería vista como una debilidad. Cada acto de compasión, una derrota. Seguro que tiene la regla y por eso está sensible. Así no se puede ser el protector de la tierra, ¿sabes? Uno tiene que tomar decisiones, si no es capaz de asumir esa responsabilidad que se dedique a otra cosa; el punto de cruz intergaláctico es una opción.

El Doctor no podría ser una mujer porque, ¿y si se queda embarazada? No puede desempeñar su papel, entiéndelo. Es una posibilidad, y en este campo, uno no puede arriesgarse. ¿Te lo imaginas?No, no los Daleks que no intenten destruir el Universo hoy, que tengo náuseas. ¿Y luego cuidar de los niños?Ya ni te cuento…

Además, si fuese guapa y fuese vestida provocativa: lo han hecho para vender. Y si no: ¿es una monja? Todo el mundo estaría más preocupado de lo que lleva o deja de llevar que de otra cosa. Y seguro que siempre llegaba tarde, pensando el modelito que ponerse.

El Doctor no puede ser una mujer porque nunca encontraría Gallifrey, todo el mundo sabe que las mujeres no se aclaran con los mapas. Y menos conduciendo una TARDIS. Seguro que se ligó al examinador para sacarse el carné, mírala como va de un lado a otro. ¡Ah! ¿No lo tiene?¿Lo suspendió? Claro, dos sonrisas a la Benemérita Espacial y le quitan la multa. Es que las mujeres lo tienen muy fácil.

Y el último, pero no por ello menos importante: Porque siempre ha sido así. Y todo el mundo sabe que lo que es, es; y lo que no es, no es. Aunque claro luego está Heráclito con su “panta rei” y eso. Pero da igual. El inmovilismo siempre ha sido así, un argumento de peso.

Así que sí, es verdad. El Doctor no puede ser una mujer. Pero no por falta de mujeres fuertes, excéntricas, profesionales, duras, firmes, genios y geniales, luchadoras, profundas, dañadas, atormentadas, pacifistas, increíbles; como ejemplo. NO.

El Doctor no puede ser mujer porque (algunos) de ustedes no lo soportarían.

Porque no conciben complejidad en una mujer. No son machistas (tanto hombres como mujeres), solo consideran que … bueno, eso, que las mujeres acompañan y ya.

Y ahora, dicho todo esto:

¿Qué argumento considero que sí es válido para que se diga que el Doctor no puede ser una mujer?

Es muy sencillo: El Doctor se identifica con un hombre. He leído por la blogosfera, teorías sobre que Ten es más joven, y es el hombre perfecto para Rose porque en su subconsciente quiere serlo.

Esto es similar. El Doctor se identifica a sí mismo como un ser del género masculino, heterosexual, según las evidencias. Cisgender, como recién ha admitido el Oxford Dictionary. Es parte de su personalidad, de su psique. Y ciertos elementos, con los que uno mismo se identifica, no se pueden cambiar.

Así, que si el Doctor asimila como su esencia ser un hombre, lo es. Easy as pie.

Esto no es más que una opnión, la mía, si tienes otra y quieres compartirla: hazlo.

Pero haz el favor de que sea educadamente. Gracias.

Tres

Me gustan las cosas que van de tres en tres. Cabeza, corazón, entrañas. Son armónicas, musicales, completas. Una enumeración de tres, dicen, ayuda a reforzar tus argumentos. Les da plenitud, fuerza, efectismo. Da sensación de acabado perfecto, redondo, clausurado. El Señor de los Anillos, Luces del Norte, El Caballero Oscuro.

Un, dos, tres. Las tríadas mandan un mensaje claro. Son directas, sencillas, convincentes. Sexo, Drogas y Rock and Roll. ¿Quieres razones? Te doy tres, y parecen más que suficientes. Y lo son, porque tres son multitud. Fe, Amor, Esperanza. El tres marca la diferencia. Ron, Harry, Hermione. El tres es el preludio de la abundancia. La calma antes de la tormenta. El comienzo de un largo camino.

Pero también pueden ser suaves, esas cosas que van de tres en tres. Porque no es una lucha, no es una batalla, no es una contraposición directa. Es un cambio gradual, lento, con ritmo. Cálido, templado, frío. Al paso, al trote, al galope. Te llevan de un sitio a otro, casi sin que te des cuenta, casi sin violencia, casi sin dolor. Y has llegado; estás cómodo, tranquilo, sereno. Porque tanto blanco y negro te asusta, y te relaja ver una escala de grises. Gris oscuro, gris claro, gris marengo.

Por eso, entre y yo, nosotros.

Ni virgen, ni mártir.

Lola puñales no cree en Dios porque le asusta. No es Virgen porque le han roto el corazón.

Sabe que su nombre, Dolores, recuerda el sufrimiento de Siete Espadas atravesándolo. Pero el suyo está roto, no trinchado. No aguantaba el dolor. Ella no quiere sufrir. Ni Virgen, ni Mártir. Por eso lo cambió, el nombre, no el corazón, que no se puede (y piensa que es una de las cosas correcta literal, pero no metafóricamente hablando).

Pese a ello, mantiene el simbolismo, reducido y menos presuntuoso. Por si acaso, solo. Radical, sin pasarse. No quiere enfadar al Altísimo. ¡Por Dios!

Sé solidario, apadrina un poeta. O de “Te Odio como nunca quise a nadie”.

Jota y yo estábamos un poco depres. Así que hicimos algo que no acostumbramos: comprar. Él por moral, yo por tiempo. Somos de generaciones distintas. O quizás de la misma, pero de mundos diferentes. Para él comprar(se) algo es un acto egoísta, y por tanto extraordinario. Yo trato de explicarle que no es mi culpa, soy de la ¿Generación X, Y? Me defino a mí misma comprando. Consumo, luego existo.

No sólo fuimos de compras, sino que fuimos a una gran superficie: Fnac.

Sí, sí, lo sé. Jugando con fuego.

Estuvimos mirándolo todo. He de decir que las grandes superficies de cualquier género, me saturan llegado un momento. Porque hay muchas cosas, y yo quiero verlo todo. No quiero perderme nada. Llegué, pues, a mi punto álgido de ansiedad; y dije: vámonos.

Nos estábamos marchando y pasamos por la sección: “Novedades de Poesía”. Ohm.

Me paré y me puse a ojear. Jota ya está acostumbrado a mi deambular errático, así que no se sorprendió; solo se quedó en un punto visible mientras yo aleteaba entre páginas.

Es el aguántame las bolsas, cariño, versión cooltureta.

La poesía moderna nunca ha sido lo mío. No le encontraba el gusto. El sentido. Este es otro ejemplo de que cada cosa, tiene su tiempo. No hay malos libros, ni malas canciones (bueno sí, pero ignoremos eso un momento para reforzar mi argumento), solo hay libros y canciones leídos o escuchados a destiempo. Uno tiene que estar preparado para poder disfrutar. Si no lo está… pues no se disfruta.

Y allí lo vi.

“Puedo resistirlo todo, menos la tentación”, como diría Oscar Wilde. Y ¿qué arromántica descreída puede resistirse al título “Te odio como nunca quise a nadie”?. No sé. Yo no, desde luego.

Vale, he de confesar que también me gusto el corazón steampunk, esa es otra de mis debilidades. (Spoiler alert! Tengo un montón de debilidades.)

Lo abrí y… ¡SONETOS!

Para mí, los sonetos son “El Poema”. Soy muy clásica en eso, quélevoyahacer.

Adelanto el final de esto: terminé gastándome unos 60 euros en libros. Jota, vamos a tener que ser un poco ricos; porque sino, voy a ir fatal vestida. Le dije, muy seria. Él me sonrió y me dijo “Creo que esto nos lo podemos permitir aunque no lo seamos”, mientras acariciaba la piel descubierta que dejaba mi pantalón, roto del muslo a los tobillos. Cada uno tiene su idea de “bien vestido”. La mía, no es ir de traje, obviamente.

Ahora, el libro, en sí.

IMG_20150722_175015

“Te Odio como nunca quise a nadie” de Luís Ramiro.

Lo compré sin saber que era cantautor, que lo es, por cierto. Sin saber nada de nada. Así que todo esto lo escribo basándome simple y llanamente en lo leído. Perdonad, pues, lagunas, en su caso.

Alterna “forma libre” con “sonetos”. Ya he dicho, que esto último, para mí es un punto a favor. En cuanto a la técnica, es correcta. Aunque quizás en algunos finales, pierde un poco la musicalidad (no sé si me explico), nadie es perfecto, y eso también me gusta. Cuando todo y todo cuadra… Aburrido.

Pero lo importante, no es tanto el cómo, sino el qué.

Luís Ramiro habla del amor, del desamor, de las dudas, de las contradicciones, del ser joven, del ser viejo, de echar de menos, de sufrir, del dolor, de la insatisfacción.

Y lo hace bien. Y lo hace sencillo.

Son poemas que llaman a “yo eso lo he pensado”, “yo eso lo he sentido”, “mierda, yo escribí uno parecido, pero no reflejaba del todo lo que quería… será cabrón”.

Para alguien (yo) que después de ver el Show de Truman inspeccionaba cuidadosamente el espejo, fue normal pensar: “¿Me estará leyendo la mente?”

¿Qué más puedo decir? Que son poemas para todos los días. Poemas para llevar en el bolso, y leer como un prospecto, ah, sí, hoy me siento así. Y sentirte un poco menos raro, un poco más acompañado. Hoy estamos un poco jodidos, ¿eh, Luís? Cuando no hay nadie más a quién decirlo. O cuando no apetece decirlo a nadie más.

Aunque también para soñar, soñar en chicas que piden cigarrillos (y les das cuatro años de tu vida), en amores que vendrán(o intentos de cariño en tantos bares), y otros que se han ido(y que dejen una herida en mi costado). Y bucear un poco en nosotros mismos, con “Te odio como nunca quise a nadie” como bote salvavidas.

Para eso sirve la poesía, ¿no?

Y en fin, tras el desfalco, Jota y yo salimos al calor.

Realmente estamos haciendo una labor social, alimentando a un probablemente casi treinteañero, que ha decidido dedicarse a la poesía. Somos solidarios. Piénsalo, pobrecitos, me los imagino pluriempleados y escribiendo poemas.

Compra poesía española, apadrina un poeta, alimenta el ingenio, no dejes morir las letras. Sé solidario.

Y Jota rió, porque yo le hago mucha gracia. Tiene ese gusto. Y yo, pues yo le acompañé; apartando de mi cabeza el: Tú nunca serás tan valiente.

Soy experta en nada, así que esta es una opinión enteramente subjetiva, con el mismo valor que el Carbono (-4), quiero decir, valencia. Quiero decir, que no me hagas mucho caso.

No quedan cereales.

2759980554_c1a06f4366_b

“No sabes que es el rock and roll hasta que tomas las drogas suficientes”, era su frase favorita, igual que “mi tiempo vale más que dinero”.

Pero llegó “no quedan cereales”, y rompió a llorar. Fue ahí. La realidad nos había alcanzado, y éramos como todos los demás. El alquiler se paga, como la comida y el tabaco; los excesos pesan. Borracheras, resacas y falta de sueño. Consumíamos la vida con hambre canina, sin masticarla y sin entender que hay un máximo de sensaciones que podemos experimentar. Todo, nos pasó factura a los nervios. Estábamos desquiciados.

Queríamos una vida auténtica, pero nuestro cuerpo no estaba preparado para ello. Así que íbamos con los nervios de punta. Y discutíamos borrachos y follábamos. Discutíamos de resaca y sus gritos eran mazazos en mi cerebro. Yo subía la música. No cabíamos ni en nosotros mismos. Apocalipsis en 45 metros cuadrados. Y salíamos a la calle a seguir echándonos cosas en cara. Hasta que nos nacían los besos del estómago de tanto arañarnos el corazón. Luego, vuelta a empezar.

Lo peor eran los domingos por la mañana, cuando aparecía el mundo real y el suelo lleno de latas de cerveza caliente con ceniza.

Y ese domingo, con los ojos llorando de tanto vomitar, vi a aquellas señoras mayores que se iban a misa de doce, y no pude mirarme al espejo. Encendí un cigarro. Supe que no aguantaría una próxima vez. Así que cogí mi chupa y me fui sin decirle nada. Nos salvé la vida.

<Este es un cuento antiguo, que hice en un taller. 250 palabras, inspirándome en las canciones de “4º Time around” de Bob Dylan y “Norwegian Wood” de The Beatles. Hope you enjoyed it.>