Posibles imposibles.

Caricias en los parpados cerrados,

contacto de piel y ojos marrones,

tacto de mirada, sed de sabores.

Abrazos, sin las manos, con los labios.

Besos que enganchan, entrelazados

estómagos inquietos, palpitantes

palabras que se ahogan, quehaceres,

que en la almohada, quedan relegados.

Imposibles son, o eso parecen.

Inabarcables tonos de realidad.

Imbatibles dudas son las que nacen.

¿No todos estos amores perecen?

¿No deja la ilusión paso a la verdad?

No. Contigo imposibles desaparecen.

Siete libros que todo “hipster” debería leer.

Foto de Tumblr.

Creo que llego tarde con esta entrada, ya que hace poco leí que los hipsters estaban pasados de moda, que ahora se llevan los Yuccies, o nosequées. No estoy yo muy puesta en esto, de hecho ni siquiera tengo exactamente claro que significa “ser hipster”. Más o menos me hago una idea.

Entonces, si ni siquiera sabes bien qué son ¿cómo haces una entrada sobre los libros que deberían leer?

Gracias por la pregunta, querida, si lees atentamente verás que he puesto debería leer. Y no para ser hipster, ni yuccie, ni nada. Sólo, debería leerlos y punto.

No, en serio, me he informado. Me llamaban la atención, porque son los modernos de toda la vida; pero con un nombre más guay.

También he estado curioseando listas de libros, ya sabéis, para saber qué lee la gente. O mejor, qué dice leer. Porque del dicho al hecho, dicen, hay un trecho.

Las listas que leí son muy mainstream. Así que, aquí va la mía:

1- Todas recomiendan leer a Bukowski. Sí, Bukowski está muy bien y eso. Todo el mundo ha leído a Bukowski. Pero, ¿y Fante? Es uno de los grandes referentes del primero, Bukowski bebe de su estilo. Leed a John Fante, en concreto “Pregúntale al polvo”. Así sí pareces un enterao del tema. Me gustaría decir que ligas fijo si dices que lees a aquél que fue predecesor de Bukowski; pero la verdad es que no lo creo. A no ser que seas guapo/guapa. Entonces, como si dices que lees a Belén Esteban.

2- ¿Por qué no, en vez de leer “Madame Bovary”, lees La Regenta”? ¿Pero qué problema tienes tú con “Madame Bovary”? Yo ninguno. La pregunta es, ¿qué problema tiene el mundo con los autores españoles? Hay quien es capaz de leer a todos los grandes de la literatura extranjera, sin haber abierto un libro de autor patrio. Es algo que me irrita, he de reconocer. Sobre todo porque de algunos autores es difícil encontrar buenas traducciones (cada vez menos, afortunadamente), pero con la literatura española no hay ese problema. Leed a Clarín, por favor. Perdeos en Vetusta.

 

3- Sigo con el arranque patriótico: ¿Cambiamos a Nietzsche por Ortega y Gasset? Pros: mucho más fácil de pronunciar y escribir. No quedarás mal si te piden que lo deletrees.

Cons: Menos cool. Sé que no pueden compararse, en el fondo sólo quería poner de manifiesto que existen más autores que Platón, Aristóteles, Rousseau, Descartes, Nietzsche y Marx; que son los que te obligan a estudiar para la selectividad. Enlazando con este tema, y de Ortega: “Misión de la Universidad”.

 

4- En algunas listas he visto recomendar “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez. Nada que añadir en este caso, no hay equivalente posible, ni mejor libro que recomendar.

 

5- Vuelvo a la carga, pero sin patriotismo ya. Las distopías son muy hipster, he visto recomendar tanto “1984” de Orwell, como “Un mundo feliz” de Huxley. La primera más que la segunda, si hay que elegir: me quedo con Huxley, creo que su visión es más acertada.

Pero, ¿sabéis qué es aún más hipster? Leer a Thomas Moro, el autor de “Utopía”. Además ahora hay una serie muy molona del mismo nombre. De nuevo, dudo que os sirva para ligar; pero quien sabe, a lo mejor alguien piensa que sois un alto cargo de la Universidad, y tampoco ligáis; pero oye, por lo menos lo piensan.

6- “La vida es sueño” de Calderón de la Barca. Mucho Shakespeare, ¿y el teatro español qué? Elijo “La vida es sueño” de entre muchas obras y autores porque me da la gana y es un favorito personal. Mi lista, mis reglas. ¿Por qué ponerlo en esta lista? Porque la vida era tan mainstream que soñé otra.

7- Voy a poner a algún autor moderno, para que no penséis que no estoy in. De nuevo, optando por lo patrio(Aquí encontraréis el motivo, y es que hay que ser solidario con los autores españoles): Alberto Olmos.“Ejército Enemigo” es una de las opciones.

Esta es mi lista, ¿por qué siete y no diez, o cinco, o un número más redondo? Fácil, es lo que he tenido tiempo de escribir antes de que vengan a recogerme. ¿Has ligado? ¡Chst!

Foto Tumblr.

Resulta que si consigues no hablar de libros durante aproximadamente una hora… ¡ligas! Así que, ¿por qué no os olvidáis de la lista? Lo cool y lo guay no es leer.

Los superhéroes y la filosofía, ¿tocino y velocidad?

Últimamente me siento en medio. No en el sentido de estorbar, sino en el sentido de no encajar.

Oh vaya, ¡qué novedad! Sí, la verdad es que no es nuevo; pero en este caso ha sido debido a que me han dicho “Tú blog no va a ningún sitio”. Con esta afirmación se hacía referencia a que me mantengo en un punto intermedio entre un blog cooltureta que habla de libros y tal, un blog de cosas frikis, y un blog de ¿introspección? ¿Estilos de vida? ¿Música? ¿Poesía de mierda? ¿Recomendaciones? ¿Cuentos? ¿Mierda indistintamene en prosa y verso? Yoquésé.

Ante esto, ¿qué decir? En primer lugar, que no sé qué pretende el mundo con los blogs, y la verdad es que tampoco sé qué pretendo con el mío. Hacerte rica, famosa y vivir del cuento estaría bien. Sí, sólo que mi ego tiene rivales; son la vergüenza, y otras de esas cosas inservibles que me hacen pensar que no creo que estuviese cómoda en ese caso. ¿Hasta dónde se llega por ciertas concesiones? Aunque lo de rica estaría bien, por eso de que las penas con pan son menos penas. ¿Qué tengo que vender? He ahí el problema… No hay nada que vender. En fin, que no. No, no va de eso.

 

En segundo lugar, y más allá, me lo tomé casi como un insulto personal. Sin el casi. Sonó a “No vas a ningún sitio”. Y es que así soy, experta en nada, en un punto intermedio entre muchos sitios.

Es un asco, porque no puedo posicionarme entre los freakmasters que son algunos de mis amigos. Veo muchas series, películas, leo cómics, estoy medio al tanto de muchas noticias. Pero claro, mi tiempo es limitado; más aún cuando tengo que compaginarlo con otras aficiones.

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Amargas victorias.

Sólo una frase puede describirlo,

El dolor de sentir un alma rota:

“nunca he sentido igual una derrota”

Las palabras sobran, hay que vivirlo.

Verte marchar fue un gran sacrificio

Aunque no mayor que pedir tu vuelta.

Bien sabes, soy persona orgullosa.

Suplicar es el máximo suplicio.

Ahora suena en parte a broma,

En parte suena fácil y sencillo.

Créeme que no miento cuando te digo

Que fue el trago más amargo vivido

Mi ego sigue, todavía, resentido.

Aprendí que así saben las victorias.

Y no me he arrepentido ni un día desde entonces.

De exorcismos, compulsiones y recomendaciones de mierda.

¡Woah, woah!¡Para! Cada vez haces títulos más absurdos, ¿te estás creciendo, eh?

Sí, lo siento, me estoy creciendo, dando rienda suelta a lo que se me pasa por la cabeza. ¿Sabéis quién tiene la culpa? Vosotros. Sí, sois vosotros los que me hacéis caso, así que: culpa vuestra. En fin, es mi forma de dar las gracias a todos los que me seguís. Hace un poco más de un mes que empecé con este blog, y no pensaba que fuese a tener tan buena acogida. Habéis conseguido inflar mi ego; pero no pasa nada, ególatra y tonta ya lo era, no creo que esto agrave mucho el problema. Vale, vale, pero no seas demasiado tú, ¿eh? Aguafiestas.

**Advertencia este post es altamente subjetivo, completamente random y probablemente no contenga ninguna información de relevancia. Se harán múltiples menciones, referencias, y es un ejercicio de egomaniaquismo (sí, puede que me invente alguna palabra más). Si aún así queréis continuar, hacedlo bajo vuestra responsabilidad.**

El título, vayamos por partes (como diría Hannibal). Sigue leyendo

Je suis Madame Bovary.

“Madame Bovary” es el libro favorito de mi padre. No conocéis a mi padre, y por eso puede pareceros una afirmación como cualquier otra; pero no lo es. El libro favorito de mi padre es sobre una mujer infiel, escrito por un francés. Vaya. Yo conozco a mi padre, al menos todo lo que se puede conocer a una persona como él. Desde ese conocimiento parcial os diré: no es el estilo de mi padre. Si me hubiese dicho “El cantar del mio Cid”, “El Quijote”, una novela de Valle-Iclán, una obra de Lope… no me hubiese inquietado.

Pero es “Madame Bovary”. Vaya. Tiene varias copias, además. Para comparar traducciones, porque algunas contienen las cartas de Flaubert, por ¿sentimentalismo? Definitivamente, no es su estilo.

Supongo que esa revelación me hizo ver más allá de mi convencimiento acerca de que conoces a una persona por el simple hecho de haber pasado toda tu vida a su lado.

Las personas son como icebergs, sólo enseñan una pequeña parte de sí mismas; cuanto más cerca estás, menos ves el conjunto.

Como es habitual, mi padre fue mi héroe hasta cierta edad. Luego dejó de serlo, hay un momento en el que todos los defectos, hasta entonces ignorados, estallan. Tu padre ya no es Superman. De hecho, se convierte en un Lex Luthor, o peor.

Por fortuna, al menos en mi caso, esa fase también pasa. Y resulta que tu padre es una persona; como todas, puede ser mejor o peor, más o menos interesante o inteligente. Depende de la suerte que tengas.

No es fácil situar el momento exacto en el que te das cuenta de todas estas cosas. Quizás no ocurra de repente; pero yo, que soy muy dada a novelar, siento que siempre hay puntos de inflexión en todos los tránsitos vitales.

A veces siento que disecciono mi propia memoria, tratando de encontrar el momento exacto en el que cambié. O en el que me di cuenta de que algo había cambiado. No siempre lo consigo, incluso podría decir que es una tarea inútil, porque ya ha pasado: ¿qué más da?

No sé por qué lo hago; pero el hecho es que lo hago.

Quizás por eso la escena que he retenido con más fuerza de “Madame Bovary” es aquella en la que pierde la fe. Es un diálogo, no muy largo en el que entabla conversación con el cura. Puedes sentir como su fe pende de un hilo, desesperada acude a pedir ayuda, a buscar algo que la haga volver a creer. Porque ella quiere seguir creyendo.

El cura contesta con vaguedades, tiene prisa y simplemente no entiende lo que Emma quiere decirle. No entiende qué necesita Emma, porque a su vista, ella no necesita nada. Lo tiene todo. Él la despacha, sin más. En las frases de la mujer puede palparse la frustración, la incomunicación y la falta de entendimiento entre ambos personajes. Es un diálogo en el que cobra relevancia todo lo no dicho. Lo que no saben decirse es lo que hace que Emma renuncie a la fe. Al final de la conversación se corta ese hilo, ella se pierde, todo acaba.

Aparentemente es una conversación más, un nuevo encuentro; sobre todo para el sacerdote. Sólo que no lo es, es el momento exacto en el que pierde la fe. Deja de creer en Dios porque los Hombres no supieron entenderla, porque buscó ayuda y recibió un sermón más, porque suplicó dónde agarrarse y le dieron indicaciones generales y banales que no la mantuvieron.

¿Qué hubiese pasado si el sacerdote hubiera sido consciente de esa crisis de fe? ¿Si hubiese sido capaz de mirar más allá? ¿Si se hubiese preocupado por descubrir el verdadero tormento de la dama? ¿Se hubiese salvado?

Sólo vio una mujer que quería un poco de conversación, o tal vez una genérica reafirmación sobre el cristianismo. Quizás no vio nada, de tan obcecado que estaba en su propia fe y quehaceres. No escuchó el grito de ayuda desesperado que era ese acercamiento. No supo entender un gesto ajeno, no pudo comprenderlo. Al final, se reduce a una confusión. Es de esperar que si el sacerdote hubiese conocido de la situación de Emma, hubiese tratado de ayudarla. ¿Pero qué mensaje ha de llegar entre un teléfono roto y uno desconectado? Ninguna. Ambos son incompatibles.

Tal vez esa sea la razón por la que analizo el momento exacto en el que ocurre cada cambio, para conocer si se produjo por la incapacidad de comunicación, o por no haber sabido reconocer en un gesto lo que realmente se quería transmitir con él.

¿Cuándo mi padre me da un libro sólo es eso, un libro? ¿O es mucho más?

No sé por qué le gusta a mi padre “Madame Bovary”, alcanzo a intuir una parte, en todo caso. Sé por qué me gusta a mí. Sé que la escena anterior es mi favorita de todo el libro. Sé que lo leí en una habitación de hostal en Dublín, del tirón y sin dormir, completamente sola. Sé que me tumbé bocabajo en la cama que olía a pies y estuve dándole vueltas hasta que tuve que irme a trabajar. Sé que eso será siempre parte de “Madame Bovary” para mí, porque un libro nunca es un simple libro. No para mí.

¿Y para el resto? Supongo que tampoco.

¿Y para mi padre? Ojalá lo supiese. Todavía estoy intentando reparar ese teléfono y encontrar una buena toma de tierra para el otro, que no se diga que no hice el esfuerzo. Algún día llegará un mensaje limpio y claro.

Para los demás, tengo un mensaje diáfano: Leed “Madame Bovary”. Es el mejor retrato que he leído en mi vida.

¿Sabéis lo que exclamó Flaubert al acabar la novela? Me lo contó mi padre, dijo: “Je suis Madame Bovary”.

**Edito esta entrada a posteriori para poner de manifiesto lo siguiente: Lo que dijo Flaubert es “Madame Bovary: Ces’t moi” (o eso dicen), pretendía ser un guiño sobre el tema tratado en el texto: Mi padre siempre me cuenta esta historia en español, y puesto que no sabe francés hace una traducción literal, que sería “Je suis Madame Bovary”. Yo sé que no es exactamente lo que dijo el autor, y aunque sé que mi papá no es un Superman, sé que tampoco es Lex Luthor, es una persona y tiene pequeños fallos, pero en esencia sigue siendo una especie de héroe. Aunque era un guiño que se confunde con un parpadeo. Mea culpa.

Leer sin arruinarse.

Estamos en verano, y como el otro día leí en Twitter, es una época del año en la que se disparan las ventas de libros en papel. Todo el mundo está muy contento con ello, porque leer es superguay y todo el mundo debería hacerlo.

Yo estoy de acuerdo, con las dos cosas. Pero mucho me temo, que si bien en parte el aumento de ventas se debe a un mayor tiempo para dedicar a este entretenimiento; la otra parte no es tan loable y cultural. ¿Cómo vas a llevarte sino un libro a la playa y hacerle una foto si es electrónico? A eso me refiero.

Además, en este caso, se confunden dos términos: leer libros y comprar libros.

Si esta confusión queda relegada a la cuestión anterior no hay problema, es un malentendido bienvenido, celebrado, por los libreros y revelador de la finalidad de determinadas personas frente a la lectura: no es relevante saber, es relevante que piensen que sabemos.

En fin, como digo, nimiedades.

El verdadero problema radica en que llega a mis oídos la siguiente afirmación: “Yo no puedo leer porque no tengo tanto dinero.” Claro, me sube la bilirrubina.

¿Leer es caro? ¿En qué tipo de dictadura estamos metidos? ¿No hay acceso a la literatura? ¿Qué ultraje es éste? Ah no, ah no, espera… que leer puedes hacerlo gratis.

No quiero extenderme más, sólo dire: bibliotecas públicas.

¿Habrá algún sitio en el que pueda ir y leer, gratis y con aire acondicionado? ¡Sí! Se llama biblioteca pública, hay muchas, muchísimas en España. La mayoría están vacías, ¿por qué? Puedes incluso sacar los libros y llevártelos a la playa a hacerle una foto.