La rana que fue príncipe.

Era rubio, joven, de ojos azules, rebelde, triste y enfadado con el mundo. Cantaba, salía, gritaba, soñaba y bebía demasiado. Y yo, yo quería echarme a perder. Me enamoré de él porque era todo Rock and Roll, todo lo que no necesitas, a quien debes evitar y nunca presentárselo a tus padres.

Le admiraba, le quería, le seguía a cualquier parte: al fin del mundo que llegaba cada amanecer. En un parque.

Pasaron noches de verano con pantalones largos y cerveza caliente. En el metro. Inviernos de chupas de cuero y cigarros apresurados en la puerta del bar. En un concierto.

Luego la rana resultó ser príncipe. Más de mamadas, gintonics y soul; que de sexo, drogas y Rock and Roll.

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4 thoughts on “La rana que fue príncipe.

  1. Pues qué suerte, porque esas ranas después de las mamadas se convierten en liebres pero claro, estamos llenos de prejuicios. Hay que darles una oportuidad. Y el soul mola. Desde luego qué bien encajas una historia en tan poco espacio. Yo nunca lo haré. Algún tipo de retraso mental me impide ser conciso. Saludos, genial maloles.

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