Je suis Madame Bovary.

“Madame Bovary” es el libro favorito de mi padre. No conocéis a mi padre, y por eso puede pareceros una afirmación como cualquier otra; pero no lo es. El libro favorito de mi padre es sobre una mujer infiel, escrito por un francés. Vaya. Yo conozco a mi padre, al menos todo lo que se puede conocer a una persona como él. Desde ese conocimiento parcial os diré: no es el estilo de mi padre. Si me hubiese dicho “El cantar del mio Cid”, “El Quijote”, una novela de Valle-Iclán, una obra de Lope… no me hubiese inquietado.

Pero es “Madame Bovary”. Vaya. Tiene varias copias, además. Para comparar traducciones, porque algunas contienen las cartas de Flaubert, por ¿sentimentalismo? Definitivamente, no es su estilo.

Supongo que esa revelación me hizo ver más allá de mi convencimiento acerca de que conoces a una persona por el simple hecho de haber pasado toda tu vida a su lado.

Las personas son como icebergs, sólo enseñan una pequeña parte de sí mismas; cuanto más cerca estás, menos ves el conjunto.

Como es habitual, mi padre fue mi héroe hasta cierta edad. Luego dejó de serlo, hay un momento en el que todos los defectos, hasta entonces ignorados, estallan. Tu padre ya no es Superman. De hecho, se convierte en un Lex Luthor, o peor.

Por fortuna, al menos en mi caso, esa fase también pasa. Y resulta que tu padre es una persona; como todas, puede ser mejor o peor, más o menos interesante o inteligente. Depende de la suerte que tengas.

No es fácil situar el momento exacto en el que te das cuenta de todas estas cosas. Quizás no ocurra de repente; pero yo, que soy muy dada a novelar, siento que siempre hay puntos de inflexión en todos los tránsitos vitales.

A veces siento que disecciono mi propia memoria, tratando de encontrar el momento exacto en el que cambié. O en el que me di cuenta de que algo había cambiado. No siempre lo consigo, incluso podría decir que es una tarea inútil, porque ya ha pasado: ¿qué más da?

No sé por qué lo hago; pero el hecho es que lo hago.

Quizás por eso la escena que he retenido con más fuerza de “Madame Bovary” es aquella en la que pierde la fe. Es un diálogo, no muy largo en el que entabla conversación con el cura. Puedes sentir como su fe pende de un hilo, desesperada acude a pedir ayuda, a buscar algo que la haga volver a creer. Porque ella quiere seguir creyendo.

El cura contesta con vaguedades, tiene prisa y simplemente no entiende lo que Emma quiere decirle. No entiende qué necesita Emma, porque a su vista, ella no necesita nada. Lo tiene todo. Él la despacha, sin más. En las frases de la mujer puede palparse la frustración, la incomunicación y la falta de entendimiento entre ambos personajes. Es un diálogo en el que cobra relevancia todo lo no dicho. Lo que no saben decirse es lo que hace que Emma renuncie a la fe. Al final de la conversación se corta ese hilo, ella se pierde, todo acaba.

Aparentemente es una conversación más, un nuevo encuentro; sobre todo para el sacerdote. Sólo que no lo es, es el momento exacto en el que pierde la fe. Deja de creer en Dios porque los Hombres no supieron entenderla, porque buscó ayuda y recibió un sermón más, porque suplicó dónde agarrarse y le dieron indicaciones generales y banales que no la mantuvieron.

¿Qué hubiese pasado si el sacerdote hubiera sido consciente de esa crisis de fe? ¿Si hubiese sido capaz de mirar más allá? ¿Si se hubiese preocupado por descubrir el verdadero tormento de la dama? ¿Se hubiese salvado?

Sólo vio una mujer que quería un poco de conversación, o tal vez una genérica reafirmación sobre el cristianismo. Quizás no vio nada, de tan obcecado que estaba en su propia fe y quehaceres. No escuchó el grito de ayuda desesperado que era ese acercamiento. No supo entender un gesto ajeno, no pudo comprenderlo. Al final, se reduce a una confusión. Es de esperar que si el sacerdote hubiese conocido de la situación de Emma, hubiese tratado de ayudarla. ¿Pero qué mensaje ha de llegar entre un teléfono roto y uno desconectado? Ninguna. Ambos son incompatibles.

Tal vez esa sea la razón por la que analizo el momento exacto en el que ocurre cada cambio, para conocer si se produjo por la incapacidad de comunicación, o por no haber sabido reconocer en un gesto lo que realmente se quería transmitir con él.

¿Cuándo mi padre me da un libro sólo es eso, un libro? ¿O es mucho más?

No sé por qué le gusta a mi padre “Madame Bovary”, alcanzo a intuir una parte, en todo caso. Sé por qué me gusta a mí. Sé que la escena anterior es mi favorita de todo el libro. Sé que lo leí en una habitación de hostal en Dublín, del tirón y sin dormir, completamente sola. Sé que me tumbé bocabajo en la cama que olía a pies y estuve dándole vueltas hasta que tuve que irme a trabajar. Sé que eso será siempre parte de “Madame Bovary” para mí, porque un libro nunca es un simple libro. No para mí.

¿Y para el resto? Supongo que tampoco.

¿Y para mi padre? Ojalá lo supiese. Todavía estoy intentando reparar ese teléfono y encontrar una buena toma de tierra para el otro, que no se diga que no hice el esfuerzo. Algún día llegará un mensaje limpio y claro.

Para los demás, tengo un mensaje diáfano: Leed “Madame Bovary”. Es el mejor retrato que he leído en mi vida.

¿Sabéis lo que exclamó Flaubert al acabar la novela? Me lo contó mi padre, dijo: “Je suis Madame Bovary”.

**Edito esta entrada a posteriori para poner de manifiesto lo siguiente: Lo que dijo Flaubert es “Madame Bovary: Ces’t moi” (o eso dicen), pretendía ser un guiño sobre el tema tratado en el texto: Mi padre siempre me cuenta esta historia en español, y puesto que no sabe francés hace una traducción literal, que sería “Je suis Madame Bovary”. Yo sé que no es exactamente lo que dijo el autor, y aunque sé que mi papá no es un Superman, sé que tampoco es Lex Luthor, es una persona y tiene pequeños fallos, pero en esencia sigue siendo una especie de héroe. Aunque era un guiño que se confunde con un parpadeo. Mea culpa.

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10 thoughts on “Je suis Madame Bovary.

  1. Difícil pregunta. Le puede gustar porque es un libro antiguo que parece escrito ayer. Dónde todo parece real y los personajes están muy bien caracterizados. Porque ha conocido una Madame Bovary en su vida… Vete a saber. Yo lo leí hace años y me pasó como con casi todos los clásicos, que me pareció una obra maestra. Madame Bovary es el libro que todo hombre espera que no le gustará y sin embargo le atrapa. Ese es un buen motivo.Es el libro preferido de Vargas Llosa también que le dedicó todo un ensayo(uno que perdí por dejárselo a una amiga gorrona a la que no veo desde hace años). Mi recuerdo de cuando lo leí es mas bien patético. Yo estaba viviendo en una casa de alquiler con mi pareja de entonces. Un día bajé a leer al parque y la correa de un perro se me quedó enredada en los pies. El perro era de una señora de ochenta años que con la excusa del libro(me preguntó qué leía para no escuchar lo que le dije y cambiar de tema) y su perro, aprovechó para contarme su vida como Madame de burdel y casi pedirme que me fuera a follar con ella porque su novio(también joven), no le daba lo que necesitaba. Es extraño lo que recordamos sobre un libro que leímos los friki-lectores. Eso me ha hecho pensar en un post pero no sé, ya le daré vueltas.

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