Confesiones literarias(III) : Desconocimiento.

Uno de mis mayores miedos es que alguien llegue un día y me diga: “Eres tonta”. Y que sea verdad. Mi miedo es que descubran que sólo sé que no sé nada.

En Twitter, Facebook, Blogs, bares, charlas multitudinarias y saraos de cualquier tipo, hay tanta gente que parece saberlo todo, que me lleva a pensar: ¿qué he hecho yo toda mi vida que no sé de qué está hablando toda esta gente?

¿Dónde se saca uno el diploma en todología? Sigue leyendo

Lazos.

Me envuelves.

Yo me enrollo en tu brazo

como si fuese una manta

y junto nuestras manos,

entrelazo nuestros dedos

y entrelazo mis dedos

para poder entrelazarlos

con los tuyos dos veces.

Y mil, si pudiese.

No moverme nunca más,

que haga falta una espada

empuñada por Alejandro Magno

para separarnos.

Y que no valiese.

No valen las trampas

en este amor

de unión gordiana

sin formalismo civil.

Cuando pregunten

qué somos, decir:

El lazo torcido

del vestido de los domingos,

en los que no me quiero vestir,

si no es de ti,

si no es contigo.

Confesiones literarias (II): Guilty Pleasures.

Los prejuicios son algo que me molesta mucho porque los he sufrido a menudo. Y cuando consigues superarlos, rompiendo las ideas preconcebidas que se forman en cabezas ajenas: voilá. Aparecen unos nuevos. Qué rabia.

Pero, lo peor de todo, con diferencia, es darse cuenta de que tú también tienes una buena pila de ellos.

Suelo bromear diciendo: “Yo no soy racista, a mí me cae mal todo el mundo”.

Dejando a un lado que la afirmación que precede no es cierta: me cae mal mucha gente, sobre todo si no la conozco; lo cierto es que sí soy una racista literaria.

Durante mucho tiempo he sido una elitista de la literatura. Huía de todo lo que sonaba a best-seller, en todos los ámbitos; pero especialmente en lo tocante a los libros.

Craso error el mío. Al final todo el mundo lee best-sellers, sean o no de esta época.

Me gustaría decir que estoy libre de todo pecado y que soy una persona que ha superado todos los prejuicios. Pero no, no lo soy. Aún así, trato de hacerlo. Lo siento por Yoda, y el “hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Bueno, yo lo intento y eso es todo lo que puedo ofrecer.

Eso me lleva a la segunda de mis confesiones literarias. Los Guilty pleasures. Esos libros que lees, sabiendo que no son buenos, pero que aún así disfrutas.

Sigue leyendo

Rapunzel.

Un día Rapunzel cogió la máquina de cortar el pelo y se lo dejó al uno con trasquilones. Estaba cansada de no poder ser nada más que “la chica del pelo largo”.

¿Por qué se hace eso una chica tan guapa como tú?

Bajó por las escaleras, sin dar explicaciones. Es un esfuerzo inútil.

Mar a la vista.

Recorro tus aristas,

tu clavícula es una quilla

que me rompe el mar

pero no dejo de surcarla.

No sé si el hueso de tu cadera

es un semicírculo perfecto

o se ha quedado así

para coincidir con mis dedos.

O son mis dedos

los que se han hecho a ti.

Coinciden, carne de por medio,

sin ningún esfuerzo.

Como un barco

que tiene viento a favor,

aunque marea en contra.

Hasta crujes

como madera vieja

de casa de pescador,

o si fueses a hacerte astillas.

No sé por qué te pienso en el mar,

no nadas, aunque no te ahogas.

Vives dándole la espalda a una playa.

Tus ojos, azules por genética,

se hicieron verdes de

mirar adentro tierra.

Con todo,

no dejas de ser barco,

y algún día

encontrarás capitán

con quien perderte.

En el charco.

O en el barro.

Ojalá sea yo.

Ahórrate el sermón.

IMG_20151009_110723Para deportes de riesgo, yo.

Causo cansancio e inseguridad,

no sabes a qué atenerte,

extenúo, si eso existe,

hasta hastiar al asco.

Para deportes de riesgo, fumar,

que pasas frío si hace frío,

y calor si hace calor.

Y agota discutir

que te va a matar.

Que ya lo sé,

que me estoy muriendo.

¿Qué no me ves?

Para deportes de riesgo, esto,

navegarme el pecho.

Hay riesgo de naufragio

pero ¿y qué? Ya me ahogo.

Y no me digas

que podría ser peor.

Te lo ahorras

el “te quejas por vicio”.

Me gustan los vicios,

no los puedes dejar

y te anclan a la vida.

Yo, canso.

Fumar, mata.

Y la poesía, duele.

Todos los vicios son malos,

Maldita sea mi suerte.

PD: Y esto les pasa a mis poemas cuando no hablan de amor.

Confesiones Literarias (I): Coolturetamente incorrecta.

Hay cosas que uno no puede decir, según el sector en el que se encuentre pueden ser unas cosas u otras; pero siempre hay ciertos convencionalismos sociales que impiden que uno pueda expresarse libremente en todo caso. La mayoría de las veces, es una norma no escrita; una norma social, acatada por el mero hecho de no desentonar.

Ya sabéis, hay que ser políticamente correcto.

Aunque también os he dicho alguna vez: “I aim to misbehave”.

Si bien, antes de alzarme en rebeldía, tengo que confesar que esta idea la saqué del blog: “Letras con la sopa”

Estaba yo stalkeando su blog, y… Alá, ya lo has dicho. ¿Qué? Que stalkeas a la gente. Ooops… Vale.

Estaba visitando el blog “Letras con la Sopa” por motivos sociológicos y técnicos, basados en un serio estudio que llevo a cabo, tratando de encontrar alguna relación entre la autora y yo; ya que ambas cursamos Derecho y compartimos una fascinación común al respecto de Bruce Springsteen, Doctor Who, el café, las camisas a cuadros, los libros, ¡Verónica Mars!… ¿Le gusta Verónica Mars? ¿Ves como es muy stalkeable, digo estudiable?

En fin, que me encontré esta entrada, en la que afirma que no le gustó “En el Camino” de Kerouac. Sigue leyendo