Mi casa siempre tendrá RockandRoll.

Creo que fue el martes, el día que leí que Los Suaves se separaban. Y esta vez parecía de verdad. El Yosi, en la foto, tenía todo el pelo banco y había concedido una entrevista.

Tengo que decírselo a Jota, pensé.

Los Suaves. Recuerdo aquel concierto, al que fuimos Jota, Joan y yo. Fuimos andando, porque ninguno teníamos coche. Hacía un poco de frío, así que bebimos Sandevid todo el camino para calentarnos. Jota todavía bebía.

En un parque cercano, seguimos bebiendo Sandevid y Mistela.

Joan llevaba su camiseta de Los Suaves, y yo un parche mal cosido en la chaqueta negra. Nunca he sabido coser, aunque tampoco le ponía mucho empeño.

Estuvimos en primera fila, Yosi me dio la mano durante el concierto. Iba mucho más borracho que yo. Hasta que no llevaba un rato cantando, no se le entendía bien qué canción cantaba. Típico.

Luego llegaron las bromas, porque el Yosi había estado todo el concierto con la mano metida en los huevos. La misma que me había estrechado.

Así se nos hizo más amena la vuelta a casa, en la que ya no había bebida.

El lunes tocó ir a clase, como cada lunes. No me gustaba mucho el colegio. No estaba cómoda. Tenía un moratón que me surcaba las costillas, el precio a pagar por estar en primera fila, siendo aplastada contra la barra de metal. Ese lunes nadie sabía que yo había estado en un concierto de Los Suaves y que el Yosi me había dado la mano. Y si lo hubiesen sabido, tampoco hubiese significado nada. Vivía esperando el siguiente fin de semana, en el que pudiese ser libre, en el que pudiese estar en casa.

Porque de Los Suaves aprendí que mi casa es el RockandRoll.

Fue mejor que eso, realmente. Aprendimos que nuestra casa  era el RockandRoll.

Teníamos concierto casi todos los fines de semana, íbamos a festivales… ¿Cuántas veces más vimos a Los Suaves? En un Aupa Lumbreiras dieron un concierto “de despedida” en el que tenían lanzallamas y todo.

Los Suaves era RockandRoll y no tenían ni una sola canción alegre. Aunque por aquél entonces creo que no escuchábamos ni una sola canción alegre. Nos gustaba apuñalarnos el vientre una y otra vez con esas letras que dolían.

Pero nos decían algo, nos descubrimos un poco, así nos reconocimos.

Y es que yo cantaba “¿Quién no hizo alguna vez locuras por una mujer?” con los ojos muy abiertos y atragantándome con el corazón que se me salía por la boca. De vez en cuando, miraba a Jota de reojo.

Mi casa era un RockandRoll triste, lo asumí. Hice las paces con mi nombre, porque Dolores se llamaba Lola era una buena canción. Y cada vez que sonaba, Joan la cantaba para mí. En el fondo, me viene al pelo. El nombre, digo.

En fin, que Los Suaves dicen adiós, adiós, y yo siento que tocaba. No se puede negar lo evidente: el tiempo pasa. En parte me alegro, en parte me da vértigo.

No puedo escuchar algunas canciones de entonces porque me pongo demasiado triste. Hay algunos recuerdos que se me enredan en el estomago y me dan angustia. No sé si es nostalgia, melancolía, o que había tanta tristeza en mí entonces que hasta la memoria duele.

También porque fueron buenos tiempos y no van a volver. Nunca. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Que es lo mismo que cantar “Ya no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado” de Celtas Cortos.

Pero no, no es justo, no es justo que me ponga triste. Porque fuimos felices. Porque somos felices.

Recuerdo a Jota en ese concierto con su chupa de cuero y cómo sonreía, todo se ilumina. Y a Joan con su guitarra, y a Blue con sus ojos azules, riéndose. Luego, vienen todos los demás.

Ahora lo veo, entonces lo olvidaba muy rápido y todo estaba un poco oscuro. Menos mal que encontré una casa, de RockandRoll, con las luces encendidas y toda esa gente dentro. En la que gritarnos las penas a la cara, pero también bailarnos las alegrías y regarnos con cerveza.

No es justo que me ponga triste porque todos cambiamos, yo también. Porque me alegro de cada cambio. Porque Los Suaves y su tristeza siguen aquí, por mucho que digan adiós, pero no están solos. Nosotros, los de entonces, tenemos muchas más cosas. Somos mucho más; debería haber dicho Neruda.

Tristeza, alegría, rabia, amor, pasión, miedo, valor, confianza. Ahora sé que soy todas esas cosas. Feliz, también.

Un poquito, cada rato.

Todo esto, porque quería despedirme de Los Suaves, darles las gracias por hacerme sentir menos sola. Triste pero acompañada. Por darme un techo, un escenario, una familia, supongo, aunque sea muy cursi.

Gracias por los buenos y los malos tiempos. Gracias por hacerme quien soy, y gracias por el RockandRoll.

En fin, tengo que decírselo a Jota. A ver si él también se siente viejo, o si se pone triste. Aunque él es más de Marea que de Los Suaves, y cuando yo le decía que mi casa era el RockandRoll el me decía mi casa está donde estás tú, y eso ilumina cualquier recuerdo.

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17 thoughts on “Mi casa siempre tendrá RockandRoll.

  1. Qué bonito ¡ Si estos grandes grupos supieran lo que nos duele su disolución… Lo harían de todas formas.
    Al fin y al cabo, a mayor intensidad, a mayor contacto, más se eleva el coeficiente de fricción, más la temperatura, y en un ambiente suficientemente caldeado, más riesgo de explosión.
    Y el Rock and Roll no es un género de vida de grandes explosiones, sino de calentamientos frecuentes hasta justo antes del punto de ignición.
    El problema viene cuando el rock es la banda sonora de tu vida. Puedes escucharla, pero no revivirla. Faltan los fotogramas y la emoción que los acompaña. El sonido ayuda, pero no sustituye.
    Y entonces acude eso tan rockero que es la nostalgia, esa balada a traición, esos Zeppelin, esos Burning. Son tan amables que te acompañan hasta el fondo. Y cuando te has ahogado, siguen contigo. Semper fidelis.

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  2. Qué bonito y sentido recuerdo. A mi las despedidas, muertes o separaciones de mis grandes me duelen así. Porque parecen que se llevan detrás esos recuerdos que están relacionados con ellos(y suelen ser muchos y buenos). Pero lo cierto es que dejan más de lo que se llevan, toma cursilada. Yo he recordado a mi amigo Jordi, otro J. más, diciéndome una vez que fuera con él a ver a “Los suaves”. No recuerdo qué tenía tan importante que hacer yo, pero sí recuerdo que no fuí.

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  3. Qué viejos y qué tristes nos hacen sentir estas cosas: un grupo que se separa, una serie que se termina, una saga de pelis con su última entrega (bueno, ahora con eso de los remakes, reboots y demás ya no pasa tanto). Me ha gustado mucho cómo lo has explicado, el sentimiento que te producen estas cosas (aunque de Los Suaves no me sepa más de lo típico y tópico jaja), como si una etapa de tu vida se acabara oficialmente. Y ya paro, que me empiezo a poner nostálgica 🙂

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