Mar a la vista.

Recorro tus aristas,

tu clavícula es una quilla

que me rompe el mar

pero no dejo de surcarla.

No sé si el hueso de tu cadera

es un semicírculo perfecto

o se ha quedado así

para coincidir con mis dedos.

O son mis dedos

los que se han hecho a ti.

Coinciden, carne de por medio,

sin ningún esfuerzo.

Como un barco

que tiene viento a favor,

aunque marea en contra.

Hasta crujes

como madera vieja

de casa de pescador,

o si fueses a hacerte astillas.

No sé por qué te pienso en el mar,

no nadas, aunque no te ahogas.

Vives dándole la espalda a una playa.

Tus ojos, azules por genética,

se hicieron verdes de

mirar adentro tierra.

Con todo,

no dejas de ser barco,

y algún día

encontrarás capitán

con quien perderte.

En el charco.

O en el barro.

Ojalá sea yo.

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3 thoughts on “Mar a la vista.

  1. Qué símil tan chulo. Si eres la capitana me recordarás a una novela que echaron durante varios veranos en la tele que veía mi mujer. El tío llamaba capitana a la tía. Hasta puedo leer, no sé más. Besitos

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