Suerte.

Quiero tener el peor coche

aluminosis

la casa más pequeña

un trabajo duro

el peor sueldo

y dormir fuera

durante casi toda la semana.

Si es contigo.

No voy a pedirle

peras al olmo

le voy a pedir a ti.

 

Nunca bebí

descubrirte

el bloc de notas.

PD: Puede que tarde en contestar comentarios. Serán contestados, eso sí, aunque se desconozca la dilación. No me lo tengáis en cuenta, porfi.

Jessica Jones y Black Friday.

Netflix estrenó el pasado viernes, a nivel mundial, la serie “Jessica Jones”. Tranquilos, que no hay spoilers (sólo he visto el primer capítulo, de hecho).

A lo largo de esta semana he comprendido el por qué de esta fecha concreta: es la semana de Acción de Gracias.

En esta semana, en EEUU, no se emiten series de tirada anual; que yo conozca, al menos así ocurre con “Agents of Shield” o “Supernatural”.

Dudo que haya sido una elección al azar, entiendo que (personalizando) el Señor Netflix ha decidido poner a disposición de los usuarios la serie, porque éstos no tendrán otras cosas que ver, y tal vez así decidan así los indecisos ver “Jessica Jones”.

 

Me viene a la cabeza “Economía 101” o “Economía para dummies”, esto es: todo lo que pude entender en mis clases de economía. No mucho, pero algo sí. En este caso, pensaba en el liberalismo clásico, el de Adam Smith y “La Riqueza de las Naciones”. Sigue leyendo

Los Juegos del Hambre, ¿distopía?

A lo largo de este mes he estado ahondando, con mayor o menor acierto, sobre las distopías; he hecho de Epi y de Blas, pero con alguna palabrota. ¿Por qué? ¿Por filosofía (en un sentido etimológico)? ¿Con bona fides? ¿Animus iocandi? ¿POR AMOR?

Bueno, os descubriré una regla que se cumple más o menos de manera regular en ¡Oh! éste nuestro mundo (o no, pero me gustan las frases grandilocuentes): Nadie se toma tantas molestias para hacer el bien.

En cambio, para hacer el mal sí. Para hacer el mal, la gente oculta sus verdaderas intenciones entre un sinfín de motivos, justificaciones, palabrería absurda, lenguaje retorcido, pretextos y explicaciones. Muchas explicaciones.

 

Así, queridos lectores, después de leer esto, esto y esto; estáis preparados para escuchar:

 

“Los juegos del hambre” NO SON UNA P*** DISTOPÍA.

Y que me deis la razón, claro; eso es lo más importante.

Mi recomendación, aunque os gusten “Los Juegos del Hambre”, como no podía ser otra, es continuar la lectura. Porque no trato de criticar el libro o la película, sólo determinar que no es una distopía. Así que buen rollo, ¡continuad leyendo!

Y… y… porque… ¿voy a hablar del culo de Jennifer Lawrence? Eso es muy poco feminista por tu parte. Eres un desastre. Sigue leyendo

Dicotomía del querer femenino (según el “usus”).

Yo lo que quiero es un novio florero

que me lleve las bolsas del Zara

que me compre amor y ropa cara

y en el probador me haga de perchero.

 

Yo quiero un buen novio de bolero

que no me deje poner minifalda

ni, por supuesto, escotes de espalda

que no sirven para exhibir sus trofeos.

 

Yo quiero un machista retrógrado,

que me trate como a una gran mierda;

o un pusilánime asustado,

que no reniegue, no sea que me pierda.

Pudiendo hallar el perfecto tarado,

¿por qué vamos a quedarnos a medias?

 

“Yo te voy a decir lo que quieren las mujeres…”

-Varón, 45.

Distopías

Si hubiese escrito una entrada de recomendaciones del mes, que no he hecho porque no he tenido tiempo (o por que has decidido invertirlo en hacer el vago, que también), sabríais que he descubierto la drogaína de los libros gratis de Amazon. Claro, que también lo sabríais si me siguieseis en Twitter. Así que no regrets, teníais opciones.

 

Uno de los libros que encontré fue “La Ciudad Vertical” de Javier Torras de Ugarte, y ya que es una distopía he decidido hablar de él. Aunque puede que no muy bien. Sigue leyendo

Hurt.

I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that’s real
The needle tears a hole
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything

Tengo el sueño anidado sobre los ojos,

aunque he dormido más.

Más de lo normal,

o quizás de lo que debería.

He dormido. Y no se va.

He escuchado a Johnny Cash,

“Hurt” dos cientas veces.

Pero no funciona,

el nudo del estómago

se ha convertido en un mar

de saliva que baja por la garganta,

ni se ahoga, ni se desata.
What have I become
My sweetest friend
Everyone I know goes away
In the end 

¿En qué me he convertido?

No funciona Johnny Cash.

¿En qué me he convertido?

¿En qué me he convertido?

¿Dónde tengo el alma?

¿En qué me he convertido?

¿Qué es este mar del estómago?

¿Qué es esta calma?

¿En qué me he convertido?

La letra en cursiva, de la canción de Johnny Cash.

O Nine Inch Nais.

Distopías: “Un mundo feliz”

He empezado esta “crítica” sobre “Un mundo feliz” y me he dado cuenta de que se me queda grande. Hay demasiadas cosas que quiero decir de este libro y no sé bien cómo expresarlas. Es una de las cosas que admiro de Huxley: su capacidad de síntesis y de raciocinio. Consigue identificar sus grandes miedos y explicarlos, porque aunque el miedo es algo irracional, sí pueden sentarse las bases del por qué temerlos.

Y yo soy incapaz de explicar exactamente por qué criticar la “poesía de Wattpad”.

Trato de decirme que cada uno haga lo que quiera, que no tengo motivos; pero no puedo evitar pensar que es una mierda. Algún día pensaré en argumentos contundentes en pro al ars criticandi.

Entretanto, voy a hablar de lo que más me marcó de “Un mundo feliz”, de manera enteramente subjetiva e inexperta. Survivor’ Style.

La imagen no es mía, pero es la edición que tengo.

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