Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo, y dejar que llueva.

Es difícil explicar un poemario, o una poesía; porque la poesía dice cosas de límites difusos, imposibles de concretar, debiéndose quedar en un bosquejo aproximado.IMG_20150930_140940

Así que no pretendo explicar “Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo” de Elvira Sastre, sólo hablar un poco de él. Aunque, ¿por qué serían sino “Gonzo” las críticas?

“Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo” ha sido un baño en el mar. Porque la tristeza siempre tiene algo de náutica y de soledad. Algunos poemas eran un salto elegante, con el que tirarse de cabeza en el dolor y salir de él con el mismo impulso. Las penas eran suaves y frescas, el escozor salado tenía efecto curativo.

Otros, eran más bien un salto en bomba desde un risco, una auténtica explosión indolora pero salvaje. Y otros un planchazo de los que duelen mucho; pero que son necesarios para aprender a tirarse de cabeza, o que no puedes evitar porque te tropiezas antes de saltar.

Aunque también se puede entrar en sus aguas poco a poco desde la orilla, y chapotear sin más.

Estaba muy cómoda entre sus poemas, me sentía ligera y es algo que no suele pasar. No costaba pasar de unos a otros, flotando a ratos en algunas imágenes y buceando en otras para desentrañar lo que había a una mayor profundidad.

Al final, tragué demasiada agua, y me di cuenta de que estaba en medio del mar, hasta el cuello de tristeza y necesitaba salir de allí.

Sé que no debería pegarme atracones de poesía. Nadé desesperadamente a la orilla.

Pero no tuve miedo de volver al agua, con más calma, y sin dejar que volviesen a arrugárseme las yemas de los dedos.

Nadie advierte los empachos que pueden sufrirse con versos, mejor, porque si no se liarán a decir que son malos para la salud, y a ver dónde acabábamos.

En fin, que hice la digestión y volví al agua.

Y ahora el baño se ha acabado, pero a quien le guste el mar, sabe que habrá otra vez. Me temo que eso me va a pasar con Elvira.

En fin, una chica con la que perderse, estoy segura. Es curioso que el día que compré su libro llovió, y tuve que atravesar a base de “perdones” la puerta de la librería para llegar a la calle. Me llovió encima, quizá una advertencia de que Elvira me iba a llover también; pero siempre me ha gustado pasear de la mano bajo la lluvia, aunque no me guste que llueva.

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19 thoughts on “Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo, y dejar que llueva.

  1. Pues ya lo has comentado. Y eso sin saber cómo hacerlo. Menos mal. Cómo sería si supieras…
    Creo que hay tanta poesía en tu comentario como la que pueda haber en el poemario. Las criticas sobre estos suelen ser a base de muchas citas para que nos hagamos una idea. Pero la poesía es más bien inexplicable. Se salta el paso del intelecto y llega directamente a la emoción, como la música. Si llega. Si no… pues a otra cosa. Si los versos de Elvira Sastre son del estilo de tu post, vale la pena. Los que has marcado están muy bien.

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  2. Mis ganas de leerla se han incrementado pero mucho mucho mucho. Ya quité el libro de Baluarte de la estantería y lo puse al lado de la cama donde están los que esperan ser leídos en breves. GANASSSS.

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