Caitlin Moran, el feminismo y yo.

Cuando me toca escribir de cosas que creo que son importantes me aturullo. Escribo, borro, vuelvo a escribir, en papel, en ordenador, en mi cabeza… Hasta que al final, me pregunto, ¿qué es lo que quiero decir?

Entonces me imagino a mí misma, sentada en una silla con una camiseta blanca con las mangas cortadas, con un cigarro que me acabo de encender. Y hablo. Digo lo que le diría a alguien que tuviese frente a mí en ese momento, en un arranque de sinceridad, tras un breve instante de reflexión disimulado con una calada de cigarrillo. Soy muy peliculera. Lo sé.

 

Pero así consigo “aclararme un poco”. Así que imaginaos que estáis en un cuartucho, un poco de humo, con una jovencilla despeinada de pelo negro rizado que no para de tocárselo por puro nerviosismo; mientras fuma con los codos apoyados en las rodillas.

 

¿Este detalle es importante? No lo sé, para mí, sí. Con eso quiero transmitir que lo que doy no es más que una opinión y ha de ser tomada como tal. A la vez, que es importante para mí y que me da un poco de vergüenza esta sinceridad.

 

No lo pensemos más, voy a empezar a hablar.

 

A veces es difícil ser yo. Porque me siento una mezcla inestable de timidez extrema, ansiedad social, y a la vez una rabia que me lleva a ser desafiante, y una valentía provocada en parte por el miedo y en parte por la idea de que es mi deber ser valiente porque puedo serlo. Debo serlo por quienes no pueden.

Porque también me muevo en una línea difusa entre una dolorosa empatía y una desafección patológica del mundo que me rodea.

Es decir, que a veces quiero salvar el mundo; y otras, simplemente mandarlo a todo (y todos) a la mierda.

Aunque también debería decir que a veces es difícil ser yo, en el sentido de que no me gusta; y otras estoy encantada de conocerme.

 

Aquí pararía de gesticular un poco y diría: “Las razones son obvias”, señalándome y con sorna. Risas y distensión. Fuera dramatismo.

 

Una de las cosas buenas que tiene leer (y escribir, según por dónde se mire), es la sinceridad. Es más fácil ser sincero cuando se escribe, porque después de decir lo que sea, uno (o una) puede esconderse debajo de un cojín hasta que se le pase la vergüenza. Por otro lado, leer lo que otro escribe te permite sentirte identificado sin tener que reconocerlo públicamente.

Por ejemplo: soy una egocéntrica, soy un desastre, no sé qué hacer con mi vida, pero a la vez no cambiaría quién soy, etc.

 

Siempre me han gustado los escritores sinceros, transgresores, atormentados y gamberros. He debatido un montón de veces si eres cierto tipo de persona y por eso te gusta cierto tipo de música, cine, libros… o si el que te guste cierto tipo de “cultura” es lo que te hace ser quién eres.

Lo mismo me da para el caso, así que lo dejamos para otro día.

La cuestión es que me gusta cierto tipo de escritores, me cachondeaba de mí misma hace poco escribiendo la entrada de “Cómo ser un rebelde de libro, o los 10 libros que todo rebelde ha de leer”.

 

Eres una joven rarita y atormentada, leer a todos esos raros atormentados ayuda a sentirte menos sola. Necesitas a alguien que te diga cómo debes ser, o qué deberías hacer. Mucha gente que lee compulsivamente lo hace para encontrar algo en lo que creer.

En este punto miraría a mi interlocutor a los ojos y lo señalaría con los dos dedos con los que sujeto el cigarrillo.

Así que te dedicas a leer a la gente que crees que es “guay” para ser como ellos. O coger de ellos lo que te interesa. Porque en el fondo quieres ser guay, y con guay me refiero a ser una “persona con la que puedas vivir”. Quieres mirarte al espejo y gustarte (por dentro y por fuera), y gustar a los demás. Quizá no a todos, pero sí a los que también son guays.

 

Ser quién quieres ser, o “hacerte” quién quieres ser es complicado. Pero además tienes un problema: eres una chica. Y las chicas no hacen determinadas cosas, al menos, no que tú sepas.

 

Los ejemplos de chicas son bastante patéticos en toda la literatura de la que me he nutrido en mi juventud, en la que sus puntos a favor suelen ser: que puedes acostarte con ellas, que son agradables de mirar, y que te hacen sentir bien.

 

Empiezan más problemas para tu joven, atormentada y egocéntrica personalidad adolescente; ya que además de tener un cacao mental de dimensiones desproporcionadas, no eres lo que se espera de ti: no eres una chica agradable de mirar, sueles conseguir incomodar a cualquiera y encima no tienes ninguna de las virtudes físicas que deberías tener. De hecho, ni siquiera te parecen que esos “puntos a favor” lo sean realmente.

Quiero decir, la mayoría de mujeres que salen en esos libros parecen bastante… ¿planas?

Tienes a tu héroe atormentado, preocupado, un poco intensito a veces. Puede ser romántico, pero también inconsciente; la caga, pero no importa porque hace mil cosas alucinantes que ocultan sus fallos. De todas formas, ¿quién quiere ser perfecto?

 

Y las chicas… pues son aburridas. Cuando no son aburridas es porque son un poco putillas. O unas locas que no molan nada. Todo el rato con su drama (drama, que no tormento, el tormento es elevado; el drama es una mierda de instituto y el instituto es una mierda).

 

Qué mal. Así que decides que no vas a ser “una de esas chicas”. Tú serás otra clase de chica. Un nuevo modelo que se adapte a quién eres y cómo te sientes. Y como eres una adolescente bastante tontorrona, piensas que estás más sola que la una.

Por un lado te sientes especial y por otro tienes la esperanza de no estar sola en este mundo. Ser tan especial que nadie te entienda es un asco.

 

 

Afortunadamente vivimos en la época de Internet, los Blogs, el Tumblr y el exhibicionismo emocional; así que poco a poco te das cuenta de que ni muchísimo menos eso es así. Sacas un poco la cabeza de tu propio ombligo, respiras aliviada y descubres unas cuantas cosas importantes:

A) No estás sola.

B) Hay una cosa que se llama feminismo que trata de que las mujeres no tengan, además de los problemas que tiene todo ser humano de serie, más problemas por el mero hecho de ser mujeres.

C) Las chicas no son aburridas, tienen la costumbre de ser personas; y como tales abarcan una amplia gama de sentimientos, estados mentales, opiniones, concepciones de vida, etc. Aunque suelen estar infrarrepresentadas y encorsetadas en determinados roles en la cultura de más fácil acceso. (Crees que a esto se refieren cuando hablan de “patriarcado”, pero esa es una palabra que no sueles usar porque hace prácticamente cualquier conversación insostenible).

 

Éste es un resumen en plan rápido, os ahorro el dramatismo, el llanto, los insultos, las cagadas, el rechazo, las estupideces provocadas por la rabia y la desesperación, you know: Os ahorro el drama adolescente, en general. Y el drama adolescente femenino, en particular. Mi drama adolescente (y no tan adolescente) femenino de chica rarita con un ligero sobrepeso y la mollera bastante dura con tendencia a meter la pata, en concreto.

 

Resulta que un montón de gente se siente como tú, ergo no eres especial. Un montón de gente tiene problemas mucho más graves que los tuyos, así que no tienes ninguna excusa que valga la pena para justificarte. Y resulta que no eres, ni de lejos, la tía “que ya está de vuelta y media” que tú pensabas. Faba, lo que eres es un poco faba.

Este es el kit de bienvenida a “sé un joven adulto”, y no lo entregan con instrucciones.

 

Así que cada uno lidia como puede con eso de “hacerse mayor”. Yo uso el humor, porque ya me he pasado un montón de tiempo lloriqueando y me he aburrido a mí misma de tanta tristeza.

Guardo la seriedad para casos puntuales, el resto del tiempo trato de pasármelo bien y ser todo lo feliz que pueda. Quiero hacer las cosas bien, y ayudar a la gente. Al mundo. Yo qué sé, no todo el rato. Pero, a veces sí.

Aquí, para ocultar que me he sonrojado levemente pondría una media sonrisa y diría “soy una descreída muy idealista” o “qué le voy a hacer, soy una sentimental”.

 

Total, que el feminismo me parece una de esas cosas que ayudan a hacer las cosas bien. No es un tema pacífico, la gente discute mucho al respecto, y cada comentario que leo me hace cuestionarme una y otra vez mis creencias.

Llego a la conclusión de que soy un pésimo ejemplo de feminista, porque tengo un montón de comportamientos machistas, como el de antes: pensar que las mujeres (menos yo, claro) son aburridas.  También he leído pocas mujeres, he escuchado poca música de mujeres, visto pocas películas de mujeres… Aunque todo eso va cambiando.

Hay un mundo, o más bien medio mundo, por descubrir ahí.

 

Creo que soy una feminista de mierda.

 

 

Wow, descubro un montón de cosas más. Y, como es lógico, descubro que desconozco un montón de cosas más.

Sigo pensando que no debería llamarme a mí misma “feminista” porque no quiero ser un mal ejemplo, no quiero que la gente me utilice de argumento “ad hominem” o “ad feminam” para criticar el feminismo. “Cómo vamos a creer en una tía que habla de feminismo que no se cree ni a ella misma”.

Me recuerda a una canción de “The Bloohound Gang”: “Would I be a good Mesiah with a low self steem, and if I don’t believe in myself would this be blasphemy?”

Vamos, que si sería un buen Mesías si no creyese en mí, si no sería el no creer en mí algo así como blasfemia.

 

 

 

Entonces llega Caitlin Moran.

9788433977717

Me hubiese ahorrado un montón de mierda si hubiese leído antes a Caitlin Moran.

Me tocó aprender muchas cosas por el camino largo, cuando podría haber abierto un libro (como tantos otros que abrí) y haber leído “cómo ser mujer”. Así de simple.

 

Aún así ha sido fundamental. Ha conseguido dar forma a ideas difusas. Me ha conseguido explicar por qué están bien algunas cosas y otras no.

Es decir, me ha explicado a mí misma: lo que siempre andaba buscando en todos esos libros.

 

Moran no es perfecta, adelanto, porque he leído muchas críticas contra ella: sólo es una chica. Puedes identificarte con ella. No hace falta que seas una chica gamberra, graciosa, un poco punk. Pero puedes serlo SI QUIERES. O sino, puedes ser otra cosa.

Puedes ser el tipo de chica que quieras y está bien, no tengas miedo de decir lo que piensas. Y mucho menos porque un hombre se vaya a sentir ofendido por ello.

 

Repito, Moran no es perfecta. Aunque sí es bastante divertida. Y ¡no es seria! Habla de cosas serias, pero hace chistes, se lo toma a broma. Se ríe de sí misma. La caga un montón de veces y sigue adelante. Lo importante es aprender algo por el camino, ¿no?

Y se llama a sí misma “feminista”.

 

Entonces, yo, con todos mis errores, con mis chascarrillos que parecen salidos del “Club de la Comedia para dummies”, que no tengo nada claro… ¿Puedo decir sin “deshonrar” a la causa que soy una feminista?

Parece que sí.

Porque al final ser feminista (como se leía en las camisetas de HyM) es la idea revolucionaria de que las mujeres son personas, y como tales tienen derecho a hacer las cosas bien y mal. Igual que los hombres.

 

En este momento, en el que ya me habría acabado el cigarrillo, me subiría a la silla y gitaría: “Soy una feminista”.

 

Moran afirma que eres feminista si: A) Tienes una vagina B) Quieres responsabilizarte de ella. Para toda la argumentación, hay que leer el libro. Y sí, los que no tienen vagina también pueden ser feministas, claro. De hecho, deberían, al fin y al cabo la finalidad es que todos seamos educados los unos con los otros. “Educados”, es que es inglesa.

 

Caitlin Moran me ha descubierto que puedo ser feminista, no tengo que ser perfecta para ello (con ser humana. Ya va bien) y que puedo (o tengo la responsabilidad) de hacer lo que está en mi mano para hacer un mundo mejor. Aunque mi forma sea poco seria, y puede que defectuosa. Esta es quien soy, por ahora, y tengo buenas intenciones. En serio.

 

Aquí me levantaría de la silla y haría algo como dar una palmada y decir: “Bueno, ya te he dado suficiente la chapa, ¿quieres una cerveza?” Sonreiría mucho para ocultar la vergüenza. Me preguntaría si debería haberme callado y no haber dicho nada, porque total que aporta todo esto. Pero en el fondo, sé por qué lo hago, porque es injusto que haya un montón de chicas perdidas, menospreciadas, inseguras y tristes, y cosas peores, que no deberían estarlo. Al menos no por algo que se puede evitar. Insisto: evitar. Supongo que hay otras cosas que todo ser humano tiene que sufrir. Pero me refiero a las que una chica tiene que soportar por el mero motivo de serlo. ¿Por qué? ¿Qué mierda es esa?

Supongo que eso es la “sororidad”. No la mierda, sino el enfado por la mierda. (Jé).

 

Bueno, soy un poco peliculera, así que me gustaría acabar parafraseando a Moran: Puede que al final todo esto lo haga por una chica, como en las buenas películas. Por mí. Para demostrarme que valgo algo. Que puedo salvarme. Que puedo hacer algo por el mundo. Aunque ese algo sea un blog mierder y un pseudos programa de radio por Internet. ¿Qué quieres? Tener una pose de chica rebelde sin serlo me quita mucho tiempo y es lo que hay.

 

En fin, en los comentarios (sé que estos temas traen comentarios y no siempre buenos); recordad que soy sólo una chica.  O quitadle el “sólo”, mejor. O poned ” persona”. Sí, mejor todavía. Ah,y hoy es mi cumpleaños.

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38 thoughts on “Caitlin Moran, el feminismo y yo.

  1. 1º) que es ser “faba”; 2º) nadie a quien le gusten los bloodhound puede ser aburrido a pesar de que algunas de sus canciones no son precisamente “feministas”:( 3º) stoy de acuerdo en que no hace falta tener la presión de ser la enamorada de todas las novelas, la heroína de todos los dramas o la indefinida “ella” de todos los poemas para sentirse especial aunque la sociedad así lo imponga( ahí el feminismo lo tiene que petar) 4º)La próxima vez que veas “Salvar al soldado Ryan” te acordarás de mi y lo sabes 😉 5º) Muchas felicidades!!!!

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    1. 1º: Ser “faba”, traducido directamente sería ser “haba”, pero no significa eso. Significa ser un poco “tonta”, pero con una connotación cariñosa. 2º: No, Bloodhoundgang no son muy feministas, pero me moría de risa con sus canciones y me gustaban bastante. Todavía me gustan, aunque ya no los escuche tanto. Pero eso es la edad, el punk-pop quedó atrás (un poco). 3º: Absolutely de acuerdo. 4º: Voy a hacer una confesión: no he visto la peli entera nunca: demasiado sufrimiento, y las películas de guerra no son lo mío jajajajaja Pero, indefectiblemente, me acordaré de ti SEGURO. 5º: MUCHAS GRACIAS 😀

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  2. Odio la inutilidad de la palabra en ciertas ocasiones. Porque si te tuviese delante, te daría un aplauso, porque no se me ocurre otra manera de resumir todo lo que me gustaría comentar. Así que, aquí te dejo un aplauso virtual, que no vale ni más ni menos, porque, al fin y al cabo, para dejar a un escritor sin palabras hay que haber escrito cosas muy buenas.
    Y tú cuando te pones lo consigues.
    Felicidades, Mal.

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  3. Nos muestras que eres (pareces ser) contradictoria, provocadora, insegura, egocéntrica y bastante apegada a lo que algunos catalogan como “cultureta”. Esto declaras tú misma (no de forma textual).
    Que todo ello no te preocupe: eres una adolescente más en busca de una identidad (aunque ya la tienes, siempre la tuviste, sólo que transitas la convulsa edad de la incesante duda).
    El único problema que existe es que te encasillas a ti y encasillas a otros con ligereza, dejando habitualmente el mensaje directo o indirecto de que finalmente tú eres mejor que el vecino por una serie de clichés que en breve serán obsoletos. Como todo, que muta.
    Evidentemente, tú decides. Tú escoges. Con mucho ingenio, por cierto.
    No estás sola y tienes talento, además.

    El feminismo, bajo mi punto de vista, es una necesidad en tanto en cuanto busca una igualdad usurpada por el machismo precedente. Sin machismo anterior no existiría la réplica feminista. Y no creo que sea algo que pueda instaurar un libro en tu cerebro o que pueda forzarse dentro de una misma.
    Surge de manera natural a partir de la mera observación, a mi juicio (¿qué piensas de ti misma como mujer? ¿qué te lleva a pensar que las que no visten o escriben como tú son inferiores?).
    También es cierto que hay feministas y feministas. Tema peliagudo. Pero ciertas mujeres que se autoproclaman feministas no representan necesariamente lo que el feminismo en esencia constituye (volvemos a la etiqueta que tanta verdad resta a las cosas genuinas). Es decir, una necesidad para compensar una carencia injusta.
    Yo que tú no me fijaría tanto en tipos, clases, héroes o heroínas, referentes, encasillamientos, prejuicios, estigmas, compartimentos, gafas de pasta, pintalabios, modas, marcas, clasificaciones o modernismos varios…y rescataría el concepto “persona” (lo más relevante y conmovedor de tu texto), que es lo que te lleva a cumplir años hoy (Felicidades, por cierto) y a intentar ser mejor en esa empresa cada día.

    Esto último es lo que te conducirá a resolver etapas satisfactoriamente y a acabar viendo que, el de enfrente, lleve o no lleve tacones y minifalda y lea o no lea al autor atormentado de turno, es exactamente igual que tú: una persona.

    Gracias por tu sinceridad, inteligencia y sentido del humor.

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    1. Creo que no soy merecedora de ese “talento” que me atribuyes; ya que creo haber dado la impresión equivocada: no soy una adolescente. Lo fui. Y sí, fui un poco “tonta”. Todavía lo soy, de hecho. Y egocéntrica y todas esas cosas.
      Pero nunca pensé que una mujer fuese menos que yo por no ser como yo. Quería transmitir que, siendo adolescente, los “modelos” de mujer que te presentan no son muy variados ni muy atractivos. Día tras día a tu alrededor, entre tus compañeros, amigos y familiares, ves ejemplos que contradicen esos “estereotipos de mujer”; pero muchas veces no tienen la fuerza o la autoridad de los que salen “en la tele”.

      Sé perfectamente que una mujer con pintalabios y tacones es tan válida como la que no los lleva. Y tan feminista. Si quiere, claro está.
      Yo llevo pintalabios y tacones, y a veces zapatillas y no me maquillo. Quiero decir: no iban por ahí los tiros.

      Y tan válido es (hombre o mujer) quien ha leído tropocientos libros como quien no lo ha hecho: el acceso a la cultura, desgraciadamente, puede ser un privilegio. Y no determina, ni mucho menos, tu calidad como persona.

      En fin, que trataba de plasmar mi “evolución”; pero supongo que ha quedado un tanto confuso.

      En todo caso, gracias por leer y un saludo.

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  4. A mí Caitlin Moran me enseñó que no todo el feminismo me ha de poner en guardia como hombre ni viene a mearse en mi territorio. Resulta que yo ya era feminista masculino antes de leerlo, estoy de acuerdo en el 95 por ciento de lo que explica con tanta gracia (y en lo que no, respeto su opinión). Sólo me sorprendió que una inglesa hable de ingleses que todavía necesitan aprender ciertas cosas que a mí ya me parecían obvias. Pensaba que era una sociedad menos patriarcal.
    En cuanto a este párrafo tuyo:
    “A veces es difícil ser yo. Porque me siento una mezcla inestable de timidez extrema, ansiedad social, y a la vez una rabia que me lleva a ser desafiante, y una valentía provocada en parte por el miedo y en parte por la idea de que es mi deber ser valiente porque puedo serlo. Debo serlo por quienes no pueden”

    Creo que todos somos o hemos sido eso. Unos lo muestran y otros lo disimulan. Cierto párrafo estandarizado que usan los adivinos profesionales, tiene un algo de tu párrafo porque la mayoría de los humanos, hombres y mujeres, compartimos cosas como el miedo, la inseguridad y hasta cierto grado de timidez(hay lanzados que lo son menos de lo que lo parecen o no lo son en asuntos en los que nosotros sí). La literatura, además de hacernos más guays, nos enseña que algunas de nuestras miserias no son exclusiva nuestra, que otros individuos que escriben y han triunfado se han sentido como nosotros alguna vez. También lo relativiza todo.

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    1. Ay, Sergio, siempre consigues decir las cosas que me rondan por la cabeza. “La literatura nos enseña que algunas de nuestras miserias no son exclusiva nuestra”.

      Una frase genial, y completamente cierta. Yo podría decir que la literatura me baja mucho los humos, también. Algo necesario para mí.

      Y sí, creo que el concepto de “hombre feminista” es fundamental para que esto de la igualdad se consiga.

      Uhm, ¡creo que me voy a enmarcar la frase de arriba! 🙂

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  5. Lo primero de todo, ¡muchas, muchas felicidades! Lo que cuesta crecer, ¿eh? Por mucha ansiedad que nos genere lo que vamos descubriendo por el camino siempre hasta el infinito y más allá, y aún más con la ayuda de un buen libro (que no he leído aún, me vais a dar). Lo que dices de ser una “feminista de mierda” me ha recordado mucho a Bad Feminist de Roxane Gay, a ver si lo traducen. Un beso!

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    1. ¡Gracias! 😀

      Sí, crecer cuesta. Pero quiero creer que también vale la pena (y, por otro lado, no hay más remedio jajajaja). Te recomiendo que lo leas, aunque nunca “te daría” por no hacerlo. Creo que te va a divertir y te va a gustar.
      Ojalá lo traduzcan, leer en inglés me cuesta mucho y no lo disfruto igual…

      ¡Otro beso!

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  6. Malores, muchas felicidades.
    En ese recorrido autocrítico con el que no estoy de acuerdo en casi nada, sí que estoy de acuerdo en que el pseudoanonimato que te proporciona la escritura frente a la conversación íntima, incrementa sensiblemente la sinceridad de lo expresado. Lo cual es una puñeta, Especialmente si uno quiere ser guay.
    El deseo de reconocimiento ajeno es tan viejo como la prostitución y tan traidor como la lujuria. No es que esto tenga nada que ver, pero me apetecía decirlo. A lo que voy: Si a la gente le pareces guay porque dices hacer o pensar cosas diferentes a las que realmente piensas, me parece fantástico. Siempre que no lo olvides, que recuerdes que en realidad tú no eres esa imagen que has proyectado. Eso te permitirá esbozar una sonrisa de soslayo, porque les has engañado a todos. Tampoco está tan mal. Porque a los que te quieren, nunca vas a poder engañarlos. Puedes mentirles, pero no puedes engañarlos.
    En fin, que deberías seguir escribiendo, para incrementar tu índice de sinceridad, y que los indefensos lectores de tus renglones podamos conocerte mejor. Puede que nos parezcas guay y todo.
    Feliz, feliz en tu día

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    1. ¡Muchas gracias! 😀

      Bueno, entiendo que no estés de acuerdo (aunque no lo comparta), cada uno tiene sus vivencias, trayectoria e ideas. Está bien, me gusta la diversidad.

      Por otro lado, te diré que “ser guay” es algo que no pretendo desde hace mucho tiempo. Y caer bien tampoco. He conseguido que haya un par de personas que me aguanten tal y como soy, y más allá de ser educada, me cuesta mucho trabajo fingir para caer bien: así que si no caigo bien, pues no hay nada que hacer.

      Aunque, seguiré escribiendo, claro. Y si os parezco guay, mejor que mejor.

      ¡Muchas, muchas gracias!

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      1. Hombre , no estoy de acuerdo porque más que autocrítico, tu auto análisis me parece penitente 😄

        Y ya serán más de 2 personas las que te aprecian y aceptan.

        Y muchas más a las que nos pareces guay.

        Y “sin esforzarte”

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  7. Te ha quedado un post muy de Mia de Rebelde Way. “Qué difícil es ser yo”.
    No, va, fuera bromas. Bravo. Me encanta tu dramatismo, teatralidad, pelicurismo (?) Y me siento igual que tú ante la sociedad, me siento igual que tú cuando tengo que explicar algo importante, etc, etc, etc. Así que solo te diré tres cosas:
    1. Me caes guay. En serio. Conozco tu blog desde hace poco pero me caes guay.
    2. Me apunto ese libro.
    3. Felicidades. Muchas.

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    1. Jajajajajajajajajajajajajajajajaajajajajajajajajajajaja

      No he visto “Rebelde Way” más que un par de veces, pero creo que pillo lo que quieres decir. En fin, ya sabes, a veces (creo que no sólo yo, sino todo el mundo) nos compadecemos de nosotros mismos “qué difícil es ser yo”, ¡y queda exactamente como en una telenovela!
      Bueno, te contesto:
      1-¡Yujú! Soy guay para alguien (ahora no cagarla).
      2-Creo que te gustará.
      3-¡MUCHAS GRACIAS! 🙂

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  8. Bueno… pues toca hacerte la pelota (cuando te lo ganas, te lo ganas); así que te diré ante todo que me ha gustado mucho el texto que te ha quedado. Hablar de feminismo puede ser “farragoso” pero lo que has escrito me ha entrado muy bien. Me gusta como con tus poemas más escuetos evocas muchas ideas y en contraposición, en este dilatado ejercicio, el mensaje final es sencillo, claro y conciso… y me ha reconciliado un poco más con mi “yo” feminista, ya que a veces me pasa como dices, que tampoco sé si me merezco el calificativo. Gracias.

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  9. Exactamente hace un par de meses abrí un discurso en mi universidad con el grito desesperado de “Soy una terrible feminista pero, mierda, al menos lo soy” (y sí, me regañaron por el ‘mierda’) y por mucho tiempo me estuve atormentando por considerarme así. Pero estuve leyendo, y sobre todo escuchando, y poco a poco fui perdiendo ese miedo al término y su responsabilidad. En definitiva me apunto a Caitlin Moran para este mes. En fin, ¡feliz cumpleaños!

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    1. Sí, quizás decir palabrotas no es lo mejor… Pero yo las uso por la “lalochezia” (no sé si se escribe así, es en inglés), ayuda a verbalizar el estrés y la frustración y a deshacerte de él de esta manera.
      Así que di que utilizas “mierda” para no dar patadas a los coches y puñetazos a las paredes. jajajajajaja
      A mí me parece una gran apertura de discurso, qué quieres que te diga.
      Y me alegro de que poco a poco te vayas sintiendo más cómoda con “el término”, a veces no es fácil.
      Te recomiendo 100% el libro, te ayuda a ser una “feminista terrible” (o “de mierda”) pero con menos complejos por ello.
      ¡Muchas gracias!

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  10. Feliz cumpleaños, primero que todo!

    Yo no he leído Cómo ser una chica pero me cae bien Moran. Que no te de nada colgarte el cartel de feminista, que si hay gente que no sabe bien la definición y te trata de feminazi, allá ellos. Hace rato que me declaré feminista también con un post casi igual de largo que el tuyo jaja, pero es que hay que explicar tanta cosa; así que vamos pa delante, Maloles (escribí todo con acento español de España, te juro, menos este entreparéntesis ja).

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    1. ¡Muchas gracias! 😀

      Buscaré tu post y lo leeré (insertar meme de Liam Neeson), y seguiré tu consejo de que me de igual lo que diga la gente: es un gran consejo.
      Siento decirte que siempre que te leo en mi cabeza suena con acento español chileno, Nat. jajajajajajajaja
      No puedo evitarlo, y eso que nunca he oído tu voz, me pasa mucho con los acentos; pero lo he vuelto a leer tratando de leerlo con acento español de España. Y a mitad se me ha ido. Já! Bah, me encantan tus “puches” y “ñoños” y “de paquetes” 😀

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      1. Mi post se llama “Me llamo Natalia y soy Feminista” porque apesto para ponerle títulos buenos a las cosas jaja.

        Ohh me encantóo!! Yo le leo en fariseo, jaja, como que suena más natural.

        A veces siento que escribo con mucho chilenismo pero son parte de mi, no los puedo evitar si me ayudan a ponerle énfasis a algo.

        Qué chistoso esto de los idiomas/lenguas, en todo caso. Me encantó.

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  11. Guau. Te iba leyendo y decía: sí, a mí también me pasaba esto. Y me sentía así. Y luego vi que no. Y esto también. Y ajá, Y también soy un desastre. Y leo a tipos duros porque lo soy o lo soy y por eso leo a tipos duros. Y supongo que también soy feminista, aunque sea una mierda de feminista. Y ahora veo que cumples el día antes que yo. Me muero de la risa. Felicidades atrasadas! 🙂

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  12. Llego un pelín tarde, lo sé, pero no quería pasarme sin comentar. Me ha encantado tu post. Sin duda alguna ese libro va a estar dentro de poco en mi librería. Yo soy hombre, y como muy bien has dicho tú, el feminismo no es algo exclusivamente de mujeres. Hasta ahora mi forma de pensar la he labrado “yo solo”. Evidentemente no digo que haya construido algo propio, sino que quiero decir que no he leído ningún “manifiesto feminista” ni ningún libro declarado “biblia del feminismo” etc para hacerme pensar de esta manera. Es cierto que, por la recomendación de un profesor, saqué de la biblioteca un libro que nos comentó en clase. El nombre era algo como el reino de arena o algo así, ahora no lo recuerdo y quizás no tenga nada que ver con eso. El caso que el libro de primera mano, el enfoque con el que se trataba, no me convenció y lo devolví sin apenas llegar a la página 25.
    Pero ahora que me encuentro más maduro y preparado me gustaría profundizar en este mundo ya que me siento muy identificado con esta forma de pensar. Me parece que este libro me va a ayudar a aclarar muchas dudas y a consolidar muchas ideas.
    Nuevamente, muchas gracias por tu recomendación.

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  13. Guau! Definitivamente apunto ese libro a la lista. Gracias por este post tan… de “charlemos” y compartir una parte de tu vida, del apartado feminismo e imperfección. Estoy completamente a favor de las “equivocaciones”, la vida en “ensayo y error” y vamos aprendiendo de todas las gilipolleces que hacemos y decimos a veces… y que con mas o menos maña disimulamos tras el humo del cigarrillo, una sonrisa socarrona o un trago de cerveza. Pero nadie es perfecto!! Y desde luego, una de las armas mas importantes del feminismo sin duda, es la sororidad!! Ayudarnos las unas a las otras y no juzgarnos por ser mas o menos feministas, o feministas buenas, o malas, o descerebradas o lo que sea.
    Muchas gracias por la recomendación 🙂

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