¿Quién necesita ansiolíticos cuando tiene a Bukowski?

Buk. Bukowski. Conozco a un par de personas que hacen una asociación directa conmigo al oír hablar de ese autor.

Leí mucho a Bukowski antes de los veinte. Luego lo aborrecí. No por él, sino por el uso que le daba “la gente”. Ya sabéis: “Yo leo a Bukowski” como equivalente a “soy un moderno intelectualoide que te mueres y me siento superior al resto de mortales”.

Llevar un compacto Anagrama de Bukowski en el bolsillo de la parka verde, asegurando que sobresalga lo justo para que se alcance a ver el nombre del autor.

 

Me sube la acidez por el esófago sólo de pensarlo.

Y todo el mundo alabándolo. Yo, patrona de las causas perdidas, ¿qué iba a hacer? Pues des-reivindicarlo.

En fin, ¿notáis la ironía? Yo sé que soy un poco gilipollas, pero no lo puedo evitar.

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En este rollo, de Sara Herranz

De todas formas, “La senda del Perdedor” es una de mis novelas favoritas. El resto de cosas que he leído de Bukowski me parecen un eco, aunque tendría que volver a leer ahora algo de él. Supongo, para determinar hasta qué punto el “no querer lamerle el culo a Bukowski” me afectaba.

 

De su poesía había leído poco. Cada vez que alguien me dice: “tú que eres una experta en poesía”, me doy golpes contra una pared, me entra el pánico y luego me río.

Me he pasado la mitad de mi vida adulta repitiendo que soy prosista, que no me gusta la poesía, y renegando del verso. ¿Por qué? Bueno, en parte porque es demasiado personal. Quizá porque yo quería ser una chica de prosa, una de esas que cuentan algo, que tienen las cosas claras. No cuadraba escribir poemas con la imagen que tenía de quién yo quería ser.

Y supongo que el hecho de que te publiquen un poema y que toda tu familia lo lea, el pánico, el juicio al que te someten (o no, pero así se siente), la ansiedad social…

En fin, eso. Me voy del tema. Pero, que conste, el poema era malísimo.

 

Había leído poco de la poesía de Bukowski. Y no poseía ningún poemario suyo. Además, aquí Buk triunfó como novelista, no como poeta. Como poeta, es cosa de los americanos. Sí, había leído algún buen poema. Pero… ¿os he dicho que también tenía un montón de prejuicios adquiridos al respecto de los autores estadounidenses?

Sí, lo de gilipollas ya ha quedado claro. Pero por si acaso no se concibe en toda su magnitud: Incluso siendo americanos la mayoría de mis escritores favoritos. Yep, tonta.

 

En un arrebato, últimamente tengo muchos, compré un poemario de Bukowski.

No es ningún secreto que últimamente no estoy muy bien, lo atribuyo a la astenia primaveral, ¿pero quién sabe? Mi estado de ánimo no me parecía el propicio como para leer a Charles, ya tenía bastante con lo mío, como para empeorarlo.

bukowski

Así que, pese a que hace poco había leído “El Canto a mí mismo” de Whitman (en una edición con una traducción pésima), decidí volver a él, con la edición bilingüe que había depositado a la cola de mi lista de lectura.

Inciso, oh, sí, vaya, es americano también.

Pensé que Walt Whitman, con su fuerza y vigor me ayudaría.

Siempre le digo a mi hermana que yo no necesito el “mindfullness” ni terapia porque tengo la poesía. Medio de coña, medio en serio, claro.

 

Pero leer a Walt Whitman sobre el disfrute del mundo encerrada en un vagón de metro tras llevar veinticuatro horas encerrada y sin hablar con nadie, me resultó de lo más hipócrita. Y deprimente. A veces estoy inconsolable. O pienso demasiado, que también me lo han dicho.

 

No sé muy bien por qué. Pero ahí estaba el poemario de Bukowski, no tenía teléfono móvil, y tenía un viaje en metro por delante. Razoné que podía sentarme como un tiro el leer al viejo Buk; pero aún así lo metí en el bolso.

Me trajo buena suerte, me sonreí sólo de pensarlo al cruzar las puertas del vagón justo antes de cerrarse.

 

A una parada de mi destino me di cuenta, estaba más relajada de lo que había estado en mucho tiempo. Resultó ser cierto, “¿quién necesita ansiolíticos cuando tiene Bukowski?”. Y esa es una de mis bromas privadas, de esas que no puedo decir en voz alta, y me celebro con una media sonrisa silenciosa.

 

Así me siento con Bukowski.

 

Hay otros poetas, como Whitman, que me queman en la garganta y quiero recitarlos a voz en grito. Lorca, Yeats, Machado.

 

Pero no con Bukowski. Bukowski es para leer en privado; concediéndote sonrisas cargadas de ironía, estoicas soledades incosolables, lamentos mudos, verdad y poesía.

 

Tal vez sea porque el viejo perdedor está mucho peor que yo, tal vez porque demuestra que la genialidad y el fracaso no son opuestos, tal vez porque te lleva a creer que si tu poesía es mala es porque todavía no estás tan mal, o simplemente porque sí, o por todo, o por nada. Y tal vez por eso me molesta esa perversión de un Bukowski público, siendo tan privado, tanto grito para un autor que se disfruta en soledad. Pero nótese la contradicción aquí de nuevo, y la ironía. Y ya me lío, así que lo dejo.

 

Sea como sea, Bukowski. Es un genio.

 

PD: obviamente sé que no se pueden sustituir los ansiolíticos por la poesía. Pero así de intensita estoy. O soy. No sé.

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24 thoughts on “¿Quién necesita ansiolíticos cuando tiene a Bukowski?

  1. Pues yo también pienso que eres una experta en poesía. Lees mucho, eso ya te convierte en experta. Pero además escribes mucho, y sientes con ella. Con lo cual… no te des golpes con la pared, por favor!! Besitos

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  2. Nunca pensé que leer a Buckowki te diera aura intelectualoide. Más bien lo contrario. Para mí es tan directo y fácil en el buen sentido que se lo recomiendo a los que no gustan de leer o les gusta la mala literatura comercial. Como puerta a la literatura genial por el camino fácil(he obtenido buenos resultados con Buck y oh, sorpresa, Houellebecq). Debo decir que alguna gorrona se quedó para siempre uno de mis bucks compactos de Anagrama (“La máquina de follar”). Todo lo demás lo tengo. Yo disfruté con factotum y hasta con algunos papeles póstumos suyos. Y sí, con su poesía. La poesía nos da pereza a los prosistas pero cuando nos ponemos la disfrutamos. Al menos si es genial.

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  3. “Tu vino es dulce aunque lo sazones con lágrimas que ya no son las tuyas, y sin embargo, las llueves todavía.
    Fumas para quemar recuerdos que te saben ajenos y por eso te resistes a perder.

    Te vas de viaje ciertas noches al país de la melancolía que siempre tiene un cuarto libre para ti.

    No pretendo deshacer esa tristeza que te abriga por momentos e intenta congelarte la esperanza, pues viene contigo como esas piernas largas que se mueren de ganas de bailar la vida, como esas manos hartas de acariciar la nada.

    Pero debes saber que cuando te descuidas floreces en pétalos imposibles de arrancar.

    En resumen, que diga que te quiero por todo lo que tienes y lo que crees que te falta, por esa vocación a la nostalgia que niegas sin saberlo a carcajadas ” Tú. Carlos Salem

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  4. El otro día me invitaron a un coloquio radiofónico, a charlar sobre asuntos profesionales que desgraciadamente no son tan atractivos como Bukowski. Uno de los contertulios apareció con una edición de bolsillo de un libro de Nietzsche, con múltiples subrayados a grafito. Sin duda, haber leído a Niezstche es una muestra de curiosidad innegable. Pero llevarlo en la mano implica que eres un poco idiota. Primero, porque si lo estás leyendo cuando ya no cumples los 50, vas pelín justo. Segundo, porque nadie en su sano juicio lee a Nieztsche en el metro o andando por la calle. O sea, que eres un simple…a ver cómo lo has definido….“soy un moderno intelectualoide que te mueres y me siento superior al resto de mortales” (N del T)
    Si desechamos unos pequeños detalles, tales como que Bukowski es un genio, que te arrastra a escobazos fuera de tu área de confort, y que debe admirarse la capacidad detoxificadora de su hígado (órgano impar, recordemos), deberíamos llegar a la conclusión de que aporta más preguntas que respuestas y más penas que alegrías, lo que le hace ideal como alternativa al lorazepam, especialmente si consideramos que provoca más efectos secundarios que éste.
    Más en serio, Bukowski me acompañó en mi juventud, me observa desde los estantes y me confunde casi tanto como el primer día. Para más detalles, https://antoniadis9.wordpress.com/2015/08/01/bukowski-y-el-ardor/

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      1. A veces, no hace falta ni oirlos hablar. Ya se les ve de lejos.
        El coloquio, perfectamente olvidable.
        No hace falta que me leas. Cuando escriba algo aceptable, escucharás mi grito de júbilo allá donde te encuentres. Y en ese momento…antoniadis9

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  5. Ahora mismo voy a ponerle una funda a todos mis libros, no vaya a ser que esté leyendo algo que se interprete como un no se qué, que qué se yo, no por Dios. Solo he sentido vergüenza una vez por estar leyendo “50 sombras de Grey” en el metro y que alguien se diera cuenta. Como que no me apetecía que me analizaran de arriba a abajo.
    “Mira esa, otra tonta de las sombras”. Pues si, otra tonta de las sombras, apúntame en la lista.😀

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    1. No, no,la idea más bien es que nadie se sienta ” superior ” por leer una cosa u otra! Y leer en el metro me parece una de las cosas más adorables que se pueden hacer.
      De “lo de las sombras”, me da curiosidad, pero no lo he leído porque creo que me pondría roja como un tomate, que yo para ciertas cosas soy muy inocente… Jajajaajaja

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  6. Cada vez tengo más claro que si algún día hablásemos, tendríamos una intensa pelea sobre la poesía y te dejaría de seguir y te odiaría hasta el día de la muerte. Si eso pasa, espero que no, quiero que sepas que sería de los que te leería (a ti y a tus recomendaciones) en secreto, de los que les daría la vuelta al libro antes de meterlo en el bolsillo para que nadie pudiese pensar “esta leyendo eso de la chica que odia”…
    Solo quería que lo supieses, no vayas a pensar que soy de esos que van de modernos por leer a FreakSurvivor… 😜
    UF… Que de cosas he dejado en un solo comentario… Para que luego digan que hablo poco… 😂😂😂

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