La boda de mi mejor amiga.

Sobreviví a la boda de mi mejor amiga. O la que alguna vez lo fue.

 

Me fui pronto. No pintaba mucho allí. Yo sólo era un recuerdo del pasado, una prueba de que ella había sido otra persona y había tenido otra vida. Completamente distinta de la que tenía ahora.

 

No lloré. Y eso que le advertí a Jota que podía ponerme a llorar en cualquier momento. Me había pasado todo el día tratando de no quebrarme. El tiempo pesa, las personas cambian, los sueños mueren y ¿en qué nos convertimos? Soy muy dramática con lo de envejecer. Con lo de hacerme mayor. Con lo de perderme. Porque todo esto iba de mí, claro, como no, egoísta de mierda.

Pero no tuve ganas de llorar.

 

La chica que yo conocía era una chica triste, perdida e incapaz de reconciliarse con el mundo. La chica que se casó era feliz, alegre y parecía tranquila.

Así que pensé que si tuvo que alejarse de mí, o yo alejarme de ella, para ser feliz… valió la pena.

 

Pensé que me mataría no reconocerla. El mero hecho de que se fuese a casar era impensable. La chica que yo conocí no se hubiese casado nunca. Pero ella ya no era esa chica. Y para mi sorpresa, yo me sentía bien con ello.

La Chica Inconsolable ya no existe y eso es bueno.

 

Jota y yo nos metimos en el coche en silencio. El silencio tranquilo de la confianza, ése que no te lanzas a romper porque no resulta incómodo.

Cruzando por la huerta me dijo que era la vez que más contenta había visto a la Chica Inconsolable. Y yo le contesté que ahora ése era su estado natural. “Vaya, quién lo hubiese dicho”, contestó.

Pasado un rato, y casi para sí mismo, añadió: “Me alegro”.

 

Ni siquiera estaba triste. Y eso que a mí la nostalgia me acalambra el estómago hasta la garganta y me destroza por dentro.

Por primera vez me di cuenta de que todos estos cambios, el miedo, el dolor, la falta de esperanza; había llegado a algún sitio.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Y eso está bien.

He perdido a tanta gente. La Chica Inconsolable era la que más dolía, pero ya no duele.

Y es que al llegar a casa me miré al espejo y me di cuenta de que no me importaba lo que dijese. Yo sé quién soy y me da igual lo que se refleje. Vale, puede que no al 100%, puede que no todo el tiempo, a veces tengo dudas. Pero la idea general es esa. He dejado de odiarme, pretender y de maltratarme. Casi todo el tiempo.

Tengo un montón de defectos, los veo; pero trabajo en ellos y no voy a dejar que se apoderen.

 

Jota me preguntó si estaba bien, porque hay cosas que no cambian y él siempre se preocupa por mí. Asentí sonriendo.

Porque ya no somos “el único tío con cresta que ni siquiera bebe alcohol” y “esa chica tan rara”. Pero ahora Jota puede mirarse al espejo y sonreírse, y a mí ya no me hace falta.

Así que sí, claro que estoy bien. Mierda, creo que pese a todo… Soy más feliz que nunca. Aunque eso implique tantas otras cosas, que van a quedarse para otro día.

IMG_20160618_190135_711

Anuncios

14 thoughts on “La boda de mi mejor amiga.

  1. Tú por aquí, te tenía como perdida. Pero ya he leído el anterior post y veo que más o menos sigues bien.
    Sobre lo de que esto sea sobre ti es normal. Todo organismo biológico, lo dicen los científicos, tiende a creerse el centro del universo. Incluso los insectos. Don,t worry about this.
    Sobre el paso del tiempo parece que sólo se preocupan los más jóvenes. Luego miras a los viejos y los que más han perdido parecen acostumbrarse y están la mar de felices. Hasta otra.

    Me gusta

  2. Entiendo esta situación y entiendo que te duela, es algo extraño y triste cuando alguien que era tan cercano a ti parece haberse convertido en otra persona – y más feliz, ¿cómo se atreve? – al separarse de ti. Supongo que son cosas que ocurren cuando creces, que te vas quedando con aquello que realmente es esencial y desprendiéndote de otras que tal vez no te aportaban demasiado. Tal vez sea triste perderlas, pero, por otra parte, puede resultar liberador y te da más tiempo para dedicarlo a aquellas personas que realmente te importan. Eso sí, aceptarlo cuesta un rato. Ànims! 🙂

    Me gusta

  3. Es una simple cuestión de azar. Las coincidencias existen. No cuando nosotros quisiéramos, eso es evidente.
    Y en este caso, coincide que tu amiga ha comenzado a ser feliz en una época en la que estábais más separadas, y a la vez que conoce a su alter ego.
    Chica, a lo mejor era una simple cuestión de endorfinas.
    Bienvenida a las ondas. Se te añoraba

    Me gusta

  4. Me hizo recordar un capítulo que aún no cerré, con una persona de la que nunca más tuve noticia alguna. Pero creo que uno cuando crece se encuentra cada vez más seguido en esa situación. Lo único que lo hace positivo es saber que los demás avanzaron, y nosotros también lo hicimos. Que son cosas que causa la vida misma y no responden a nuestras acciones. C’est la vie

    Me gusta

  5. Pocas cosas:

    El miedo al paso del tiempo a veces nos ata.

    Con ligeras variaciones, siempre es sobre nosotros. Siempre es sobre uno mismo. Y no tiene por qué ser malo.

    Tu amiga una vez encontró su lugar junto a ti; ahora ha encontrado otro lugar, también suyo. De eso tratamos: vamos encontrando lugares y es un bonito viaje.

    Un besote ❤

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s