San Valentín, lo que en enero se leyó y otras recomendaciones de mierda.

“San Valentín” siempre me recuerda a mi amiga Luna. Mi amiga Luna es una de esas pocas personas que puede ser calificada de “ser luminoso de amor y bondad”; siendo éste, el motivo principal por el que es mi amiga. ¿Quién sino iba a aguantarme?

Puedo ser un poco difícil a veces: no cojo el teléfono, no contesto whatsapps si no me apetece, me hablas y estoy pensando en otra cosa, desaparezco del mapa sin dar señales de vida… Aunque desde hace unos años estoy intentando mejorar mi actitud. Espero que se note.

Pero Luna es esa clase de personas que se ponen alarmas en el móvil para, al menos una vez a la semana, preguntarte cómo estás. Así que si sabe que nosequién está jodido: alarma en el móvil todos los domingos para preguntar cómova. Y pregunta, pregunta y pregunta, aunque haya recibido monosílabos como contestación las últimas cuarenta veces. Se preocupa.

 

La conozco más de diez años y, he de decir, que ambas hemos cambiado un poco. Ni yo soy un mapache refunfuñón y arisco (y lo de mapache es porque llevaba siempre los ojos con sombra negra), ni ella es la chica de la que todo el mundo abusaba de su bondad. “Es tan buena que es tonta”: si lo buscas en el diccionario, sale su foto. O salía.

Quizá es la vejez, o quizá es la mutua influencia, la que nos ha atemperado el carácter.

Mirad, aquí estoy, escribiendo una entrada para San Valentín que espero que Luna lea y se le asome una sonrisa, porque últimamente está un poco ¿tristona?.

¿Quién lo hubiera imaginado? Bueno, cualquiera que sepa que las personas no son iguales todo el rato.

Pero a ver, ¿por qué San Valentín te recuerda a Luna y por qué estás escribiendo esta mierda de exaltación de la amistad de peloteo? ¿Estás borracha? ¡No! Sigue leyendo

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Fan Grrrl, “The Lovecast”.

 

Tutururú, se hace saber que hay colgado un nuevo podcast de Fan Grrrl.

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Sí, señores y señoras, ya está el segundo programa de Fan Grrrl, titulado “The Lovecast”. Nos hemos dejado llevar por lo mainstream, y hemos sucumbido a la tentación de hacer un especial de “San Valentín”. ¡No os asustéis! Tampoco es para tanto.

 

En el programa de este mes os contamos las noticias más relevantes en cine (hay muchos tráilers nuevos), los Oscar, algunas novedades comiqueras y mangacas…

Continuamos con una sección que hemos titulado “Parachoques Masoquista”, en el que hacemos criba de las novedades seriéfilas. Sufrimos nosotras para que no tengan que hacerlo los oyentes. ¡Y joder! Yo, al menos, he sufrido viendo alguna.

Así que hablamos de “Crónicas de Shannara”, “Shadowhunters”, “Lucifer”, “The Magicians”, “Expediente X”, etc.

Se nos olvidó mencionar “Legends of Tomorrow”, que a mí sí me está gustando. Pero raro es que no se nos olvidase nada más. Eso significa que ha sido una grabación accidentada.

 

Nuestro especial “San Valentín” se centra en mencionar las cuatro mejores y cuatro peores historias de amor que se nos ocurrieron en el momento. Un poco de cine romántico, o todo lo contrario, por si os sentís con ganas de ser un poco romantic trash. O haters consumados, porque tenemos para todos los gustos.

Sólo diré: No me matéis por las cosas que digo, porfi.

 

Por último, siguiendo con la temática amorosa, hablamos de la novela gráfica de “El azul es un color cálido”. Súper recomendada.

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Y acabamos con una pequeña consulta para la Princesa Fisgona, ventilada en un plis-plas por falta de tiempo.

 

 

Nos ha escuchado mucha gente (o así nos lo parece), ¡así que muchas gracias! ¡¡¡Yeiii!!!

Esta grabación ha sido un poco accidentada, la hemos tenido que posponer, etc. Por lo que puede que sea un tanto más confusa, aún así, trataremos de mejorar y esperamos que os guste.

Sí, sí, sé que no debería echar piedras sobre mi propio tejado; pero he descubierto que tengo pánico escénico antes, durante y después de grabar el podcast. Sobre todo después, cuando toca que lo escuchéis. Así que… eso, sorry, son nervios.

 

Y si no habéis escuchado el primero, click aquí.

 

PD: ¡Entrada número 100!

Veinte poemas perdidos y una improvisación desesperada.

Olvidé las poesías en el despacho.

Qué ironía, ¿mueren así los poetas?

Poco importa, tampoco eran buenas;

fruto del hastío, deber y despecho.

Pero, bueno, es que hablaban de ti.

Me gusta pensarte entre papeles,

escribirte versos en los márgenes,

recordar por qué esto, sobrevivir.

Allí estarán mañana, esperando.

En vez de aliviarme, me recordarán:

que yo estoy aquí; mientras tú, marchando.

Por eso he querido improvisar.

Darte una razón para que vuelvas.

Aquí tienes, otro lunes, sin fallar.

PD: Si no contesto vuestros comentarios no es porque me haya vuelto una antipática. Ya lo era.

Pero hoy, además, me ponen gafas y para entrar en ese club no sé si me someterán al rito de iniciación de echarme gotas dilatadoras de pupilas. Me sientan MUY mal, y puedo pasarme tres días así.Por tanto, siento si no contesto; lo haré una vez deje de estar bajo los efectos de la mediación. En fin, cuando vea.

Voy a ser una gafotas… ¿seré más intelectual?

Tenías que ser tú.

¿Quién quiere a esa chica de prosa

que se dedica a escribir poesía

que te quiere en cuaderno, a distancia,

que cuenta, para ti, cada palabra?

¿Quién quiere a esa chica callada

que escribe tal y como rezaría

que sólo piensa en cuadrar métrica

en declaraciones que estén regladas?

Siendo realista, no hay quien la quiera.

El mero hecho es insoportable.

El mero intento, inaguantable.

Calificada como muy inestable.

Y pese a resultar impensable,

aquí estás tú, no hay más manera.

Poemas de mierda para un lunes de mierda.

Pero no por eso te quiero menos.

Tres

Me gustan las cosas que van de tres en tres. Cabeza, corazón, entrañas. Son armónicas, musicales, completas. Una enumeración de tres, dicen, ayuda a reforzar tus argumentos. Les da plenitud, fuerza, efectismo. Da sensación de acabado perfecto, redondo, clausurado. El Señor de los Anillos, Luces del Norte, El Caballero Oscuro.

Un, dos, tres. Las tríadas mandan un mensaje claro. Son directas, sencillas, convincentes. Sexo, Drogas y Rock and Roll. ¿Quieres razones? Te doy tres, y parecen más que suficientes. Y lo son, porque tres son multitud. Fe, Amor, Esperanza. El tres marca la diferencia. Ron, Harry, Hermione. El tres es el preludio de la abundancia. La calma antes de la tormenta. El comienzo de un largo camino.

Pero también pueden ser suaves, esas cosas que van de tres en tres. Porque no es una lucha, no es una batalla, no es una contraposición directa. Es un cambio gradual, lento, con ritmo. Cálido, templado, frío. Al paso, al trote, al galope. Te llevan de un sitio a otro, casi sin que te des cuenta, casi sin violencia, casi sin dolor. Y has llegado; estás cómodo, tranquilo, sereno. Porque tanto blanco y negro te asusta, y te relaja ver una escala de grises. Gris oscuro, gris claro, gris marengo.

Por eso, entre y yo, nosotros.

No quedan cereales.

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“No sabes que es el rock and roll hasta que tomas las drogas suficientes”, era su frase favorita, igual que “mi tiempo vale más que dinero”.

Pero llegó “no quedan cereales”, y rompió a llorar. Fue ahí. La realidad nos había alcanzado, y éramos como todos los demás. El alquiler se paga, como la comida y el tabaco; los excesos pesan. Borracheras, resacas y falta de sueño. Consumíamos la vida con hambre canina, sin masticarla y sin entender que hay un máximo de sensaciones que podemos experimentar. Todo, nos pasó factura a los nervios. Estábamos desquiciados.

Queríamos una vida auténtica, pero nuestro cuerpo no estaba preparado para ello. Así que íbamos con los nervios de punta. Y discutíamos borrachos y follábamos. Discutíamos de resaca y sus gritos eran mazazos en mi cerebro. Yo subía la música. No cabíamos ni en nosotros mismos. Apocalipsis en 45 metros cuadrados. Y salíamos a la calle a seguir echándonos cosas en cara. Hasta que nos nacían los besos del estómago de tanto arañarnos el corazón. Luego, vuelta a empezar.

Lo peor eran los domingos por la mañana, cuando aparecía el mundo real y el suelo lleno de latas de cerveza caliente con ceniza.

Y ese domingo, con los ojos llorando de tanto vomitar, vi a aquellas señoras mayores que se iban a misa de doce, y no pude mirarme al espejo. Encendí un cigarro. Supe que no aguantaría una próxima vez. Así que cogí mi chupa y me fui sin decirle nada. Nos salvé la vida.

<Este es un cuento antiguo, que hice en un taller. 250 palabras, inspirándome en las canciones de “4º Time around” de Bob Dylan y “Norwegian Wood” de The Beatles. Hope you enjoyed it.>

Universos Alternativos.

“¿En qué piensas?” Preguntas, y esperas paciente mi respuesta.

Sabes que pienso, no sabes qué. “Nada” Contesto. Tú calllas.

Sabes que miento, no sabes por qué. Conduces en silencio y yo miro por la ventana.

Cierro los ojos y dejo que el aire me despeine.

Sí, pienso.

Hay otro universo, en el que tú y yo somos amigos mucho tiempo y no sabemos cómo dar el siguiente paso. Ese me hace sonreír. En otro, todavía no nos conocemos, y la angustia me atenaza de pensar que cuando lo hagamos nuestra vida ya esté hecha y nos crucemos sin reconocernos.

En otro tienes una lavandería, tú me diste el primer beso y siempre hueles a jabón. Sueles estar cansado.

Hay un universo en el que no me gusta Sherlock Holmes, y tú no eres mi Watson. Es triste y a penas me reconozco. No se si te caería bien. Allí te gusto.

Otro, es en el que llevamos tatuajes y crestas y discutimos sin parar. Pero nos queremos con locura. Divertido.

Hay otro en el que nos damos besos de esquimal y somos muy cursis. Puaj.

En otro universo vivimos en Londres encima de un pub. Dormimos poco, pero siempre juntos.

Está ese en el que tú ya no estás, y yo llevo tatuado tu nombre junto al corazón. Nadie se atreve a decirme que sea cursi, no sé si por miedo a que muerda o a que me derrumbe. Pero más allá de eso, a nadie le importa. Lloro todos los días. Sigo adelante, porque no me voy a ir sin luchar.

Y en otro yo no estoy siempre triste, vamos cogidos de la mano y comemos pepinillos agridulces.

En ese, a veces sonrío, y a veces parezco feliz de verdad. Y se nota que, en gran parte, es por ti. Tú pareces contento, y tranquilo, y orgulloso. Nos queremos.

Siempre tú. Tú siempre.

 

Ahora tengo antojo de pepinillos, te digo “¿Compramos?”.

Tú asientes y sonríes.

Y si no tienes que cambiar de marcha,

te gusta dejar la mano en mi pierna.

“¿Molesta?” No, nunca.