Vuelta a las andadas.

¿Esto es lo que querías? ¿Esta es quién querías ser?

Eres la misma de siempre, pero con menos tiempo por delante, y por tanto, menos esperanza. Los mismos sueños. Los mismos anhelos. Las mismas dudas.

He releído textos antiguos. Parecían de otra persona, aunque de alguien que sabía cómo me sentía.

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Tu cabeza sigue igual dos, tres, años después. Sigues perdida y furiosa. Nerviosa y angustiada. Y ya no puedes más. Has hecho boom. Todas las palabras que estabas guardando empiezan a rebosarte.

Sácalas, sácalas, te dices. No, no, soy otra persona ahora, contestas. Mentira. Y eso sí es así.

Eres la misma y necesitas desahogarte, deshacerte de todo lo que se te pasa por la cabeza: Historias de amor en 100 palabras, críticas lejos de ser constructivas, destrucción formativa, sabiduría del fracaso, diarrea mental sazonada de sarcasmo, cinismo selectivo, nihilismo esperanzado, imperativos categóricos susceptibles de modificación. Blah!

Todo eso y mucho más, en próximos capítulos. Cuánto daño ha hecho la cultura pop.

Vuelve, vuelve. Perdón. Tiendo a desvariar.

Eres la misma, pero un poco más centrada  ¿Quizás?

¿Y quién eres? Buena pregunta. No lo sabes. Has estado maquillándote las ojeras y peinándote los rizos. Pero esa no eres tú. No ha funcionado.

Tampoco tienes ya el pelo azul, ni llevas collar de pinchos. Esa ya no eres tú. Aysh.

Acéptate. Aquí te tienes. Vuelve a escribir. Cúrate un poco.

Ahh, sienta bien. Lo echaba de menos.